Reflexiones -  17 de Febrero de 2019

Dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios Lc. 6, 23

Siempre he reflexionado sobre ¿qué es el Reino de Dios? A veces he escuchado respuestas un poco abstractas e individualistas que como decía un joven no reflejaban lo que el Señor ha querido transmitir en este profundo mensaje de Salvación. 

Leía hace unos días una frase sobre el Reino de Dios, que me impactó y quería compartirlo contigo.

"El Reino de Dios es el destino de nuestra raza humana".

¡Qué profunda frase!  Vivimos en un mundo donde algunos han perdido el sentido del aquí, y del más allá de la vida,  olvidando que el Reino de Dios es lo que hace la vida digna de ser vivida,  y para mí es también lo que le da sentido y propósito como bautizados a nuestro esfuerzo pastoral y misionero ,preocupándonos  por el prójimo ; con el poder de la palabra de Cristo, que a veces no se hace vida:" Amar a Dios con todo el corazón , con todo el alma , con todas tus fuerzas, y al prójimo  como a ti mismo.", es también,  saciar el  hambre y el llanto del pobre , haciéndole reír ,dándole  sentido a su vida, con el mensaje de esperanza del Reino de justicia y de paz, que lo comenzó  Cristo, con su vida muerte y resurrección. Es la praxis evangelizadora de Pablo: "Hacernos todo con todos, para ganarlos a todos para Cristo", sufrir con el prójimo para reír con ellos en el Reino, aun cuando seamos perseguidos. Recuerda en este siglo XXI hay muchas formas de ser perseguido, a veces puede ser un estilo de vida, que choca con los antivalores y la superficialidad. 

"Dichosos ustedes, alégrense, cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre, alégrense porque su recompensa será grande en el Reino de Dios". Es la promesa del Hijo de Dios el creador del Mundo, "de todo lo visible y lo invisible", que nos habla de un mundo nuevo como dice Pablo: "Donde ni ojo vio ni oído escucho, lo que el Señor ha creado para todos sus hijos aun después de esta vida"

Pidamos al Señor, en la Eucaristía que nos fortalezca en la fe para trabajar y vivir con la Esperanza de los hijos del Reino, el destino de nuestra humanidad cristiana, y el premio de una vida consagrada, que desde ahora lucha por la justicia de cada ser humano, los cuales son parte del Reino de Cristo, el rostro de Dios.  Amén