Reflexiones -  3 de Febrero de 2019

"Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra” Lc. 4, 23

En el Evangelio de esta semana Jesús se presenta en la Sinagoga de su pueblo como un profeta. Pero sin embargo los suyos no lo recibieron. La pregunta que podemos hacernos es ¿por qué no lo recibieron?  Porque ellos no podían aceptar que en Jesús se dieran las tres realidades en que giraba la vida del pueblo de Israel: el sacerdocio, el profetismo y el reinado de Dios. 

Jesús asume todo el profetismo hasta Juan el Bautista. En Jesús se cumple todas las Escrituras. Es el, Yo soy, el Esperado de las naciones, el Redentor, el Salvador.

También el profetismo de Jesús el Cristo es como dice san Pablo:  "para edificar, exhortar, y consolar". Es la misión que Jesús ha dejado a la Iglesia por nuestro compromiso bautismal. 

Para aceptar que en Jesús  se ha cumplido  lo profetizado en las Escrituras hay  que dejarse  transformar el corazón y la mente, aceptando que el Reino de Dios ya está   aquí,  y que el mensaje liberador de Jesús reoriente nuestra  vida, dejando atrás , "componendas, y medias tintas", de lo contrario , se le rechazará , igual que lo hicieron sus  contemporáneos.: "Médico  cúrate a ti mismo , o ¿este no es el hijo del carpintero José?" . En nuestra realidad cotidiana, puede ser una actitud de indiferencia y superficialidad frente al crimen del aborto, donde se acepta   "legalmente " el aborto de una criatura hasta de nueve meses de embarazo, como dicen: "si fuera necesario...".

Mis queridas familias, no es posible una verdadera fe en Jesús sin descubrir en el su compasión por el prójimo, sobre todo en los más indefensos, hasta la cruz. Recuerden: Jesús es el profeta de la compasión de Dios.

Todos por el bautismo estamos llamados a ser profetas de la nueva evangelización, anunciando a Cristo con la verdad de su palabra, la compasión, y el ejemplo de vida, como dice el Papa Francisco: “hay que oler a ovejas”, es decir involucrarnos en las realidades sociales, y cotidianas, haciendo oír nuestra voz, con la fuerza de Cristo. El Papa Francisco se lo decía a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud: "sean testigos de la verdad, caminando y anunciando al Señor “, el Profeta de la Verdad.

Cuando reciban la Comunión pídanle al Señor que los fortalezca en la fe para creer que el bien es más poderoso que el mal y que la verdad del mensaje profético de la Salvación, que Él nos trajo, con su cruz, muerte y resurrección es más fuerte que la mentira del pecado.