Reflexiones -  13 de Enero de 2019

"Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco". Lc.3,22

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.

Les invito en este día a reflexionar sobre nuestro bautismo y lo que significa en el plan de nuestra salvación. La vida de todos los que fuimos bautizados se pueden dividir en un antes y un después. Fuimos sumergidos en el agua "para nacer a una nueva vida", donde el hombre y la mujer vieja, quedaron sumergidos en la muerte de Cristo, para nacer a la vida de la gracia.

Hay muchos que se preguntan, ¿si he nacido de nuevo, porque siento dentro de mí la inclinación al pecado?  como decía Pablo: el bien que quiero no hago sino practico el mal que no quiero. Rom. 7, 19.

La gracia del bautismo nos inclina a buscar en el Señor la fortaleza para vencer el mal con el bien. "El bautizado también recibe la gracia de ser hijo de la Luz." (Catec. # 252), para SER fortalecido en la lucha contra el mal, haciéndose partícipe de la vida divina...el bautizado pertenece para siempre a Cristo..., por lo cual queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter) ". Catec. # 263). 

El Sacramento del Bautismo también nos fortalece en la caridad para "ser otros Cristo, para los demás, amando pensando y actuando como El". ¿Como lo vamos a hacer? Una de las virtudes que recibimos del Señor en el Bautismo es también su humildad. El humilde es aquel que reconoce sus limitaciones, y recuerda siempre las palabras de Cristo: "Ustedes sin mí no pueden hacer nada" Jn. 15, 5. Te pregunto: ¿que cambia el Señor en tu vida?  Porque el estilo de Jesús "es ayudarnos para que crezca lo mejor que tenemos. Y frenar lo peor que tenemos”, es tratar de poner en práctica lo mejor que tenemos en la vida, y la familia cargando la cruz de cada día con la fuerza espiritual que recibimos de la oración. ¿Como bautizado que tiempo le dedicas a la oración, al encuentro con El, y su Madre Santísima?  Una buena pregunta y un buen propósito para comenzar el Nuevo Año.

Pidamos en la Eucaristía "al Hijo Predilecto del Padre" la gracia y la fortaleza para vencer el mal, y, sobre todo, perseverar haciendo el bien de pensamientos, palabras y obras, practicando la caridad y la humildad como Jesús, "que pasó haciendo el bien, y sanando a todos...” Hech.10, 37. 

Decía san Juan Bosco: "El ser bueno no consiste en no cometer faltas sino en saber enmendarse", esa es una de las gracias del Bautismo; y la Confesión.