Reflexiones -  9 de Septiembre de 2018

Jesús mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Efetta!". Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. Mc. 7, 35

Quisiera detenerme en las frases del evangelio de este domingo: "Se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y empezó hablar..."

Nos conmueve la sensibilidad de Jesús hacia este sordomudo que vivía en tierra pagana, Jesús no lo bendice como le pedían, sino que lo toca, le devuelve la salud y lo reintegra a su comunidad.

La pregunta seria: ¿Que les dice a los hombres y mujeres del milenio este milagro?

Vivimos en un mundo que le llamamos el mundo de las comunicaciones. Sin embargo, me decía un profesional de la medicina, "que tanta información a veces nos produce una saturación informática y una adición, que nos impide escuchar al otro" y también escuchar lo que nos dice el Señor, a través de la oración y percibir las necesidades del prójimo.

Otro gran reto es que además de no escuchar tenemos la incapacidad de comunicarnos, esto se nota en algunas parejas casadas, se ve en la relación de los hijos con los padres, y se nota también en relaciones dentro de la Iglesia, hermanos que se ven semanalmente y comparten "un mismo banco en la Iglesia por años y a veces ni se conocen.." y por supuesto todo eso afecta lo que llamamos la Nueva Evangelización, que al fin y al cabo significa "escuchar al hermano , consolarlo con las palabras de Cristo, y actuar". ¿Pero cómo lo vamos a hacer si a veces no los conocemos?

Este domingo al recibir el Cuerpo de Cristo, pudiéramos preguntarnos, ¿qué es lo que a veces nos impide escuchar al Señor que nos habla a través del hermano? y también ¿qué es lo que tiene trabada nuestra lengua para consolar?, quizás es la escucha solamente de mis problemas, pero recuerda: El sufrimiento tiene un valor redentor cuando se asemeja al valor redentor de Cristo sufriente. Si algo no nos permite escuchar y consolar con palabras de esperanza al necesitado, entonces deberíamos meditar sobre la Fe y la Esperanza cristiana. A veces necesitamos ser más selectivos en la recepción y saturación de la información tecnológica y más humildes para escuchar en silencio la voz del Señor, a través de la oración, su palabra, tu familia, tu comunidad y por supuesto ponerla en práctica. Amén