Reflexiones -  30 de Septiembre de 2018

'Maestro hemos visto a uno que expulsaba los demonios en tu nombre y como no es de los nuestros, se lo prohibimos". Mc. 9,38

Hay dos ejemplos de prejuicios en las lecturas de hoy. En la primera lectura encontramos a dos hombres que recibieron el Espíritu del Señor, aunque no habían estado en la reunión de los ancianos, y un muchacho corrió a contarle a Moisés lo ocurrido, y le dijo: Prohíbeselo. Moisés le contestó: ...ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre ellos el espíritu del Señor".

En el Evangelio Juan le dice al Señor: Hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo prohibimos. "Jesús le respondió: no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar de mi".

Dos ejemplos de prejuicios e intolerancia, que Jesús nos invita a evitar, en nuestro trabajo apostólico. Los apóstoles no llegaban a entender la lógica y la Misericordia de Dios y por eso les prohibieron actuar. Es un ejemplo para no olvidar, que somos iglesia y como decía el Papa Pio XII: somos el Cuerpo Místico de Cristo, "hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu".
"Somos muchos y somos distintos, pero vivimos unidos en Cristo y en esa diversidad y en esa unidad está nuestra grandeza. Tenemos que ayudarnos y apoyarnos ". Papa Francisco.

Como vez el vicio del pecado de criticarnos lo encontramos tanto en la primera lectura como en el Evangelio, pero a veces la crítica se puede convertir en una enfermedad que puede dañar nuestra alma y ser un obstáculo para que, " la Misericordia de Dios humille nuestro corazón altivo y prepotente, que no permite que reconozcamos nuestras limitaciones, sin embargo, no olvides que también existe la crítica constructiva, pero lo que edifica como dice el Papa es la Caridad. Los prejuicios y las críticas no vienen de Dios, y crean tensiones y conflictos.

Pidamos al Señor en la Eucaristía, que cuando sintamos la tentación de criticar comencemos por cada uno de nosotros, y creo que no nos quedará mucho tiempo para el prójimo. Quizás esta semana pudiéramos preguntarnos ¿cómo vivo la unidad con los demás, mi familia, mis amigos, mi Iglesia?