Reflexiones -  16 de Septiembre de 2018

“¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que Juan el Bautista; otros que Elías. "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? " Pedro le respondió: "Tu eres el Mesías".

Estaba leyendo unos escritos del famoso escritor inglés Chesterton y en uno de sus escritos le preguntaron: ¿Si Jesús viviera en nuestro mundo actual, ¿qué cree usted que estaría haciendo? Chesterton después de pensarlo contestó: "Él está viviendo en nuestro mundo actual. Él está junto a nosotros y nos ama ".

Creo que el valor de esta pregunta y esta respuesta está muy relacionado sobre lo que significa la pregunta de Jesús, ¿quién soy yo para ti? Quizás para alguno es un maestro muerto, que muchos escogen sus palabras en diferentes ocasiones, sociales, políticas y hasta religiosas, pero como dijo el apóstol Santiago: "La fe en nuestro Señor si no se traduce en obras, está completamente muerta". Stgo. 2, 17.

Ahora bien, si yo respondo como Pedro: "Tu eres el Mesías" Es porque yo creo en un Cristo vivo y en su promesa. Esta respuesta de Pedro tuvo que ser purificada de "cositas" que para el eran importantes. A medida que seguía a Jesús, se dio cuenta de las palabras de Cristo: "el que quiera venir conmigo que renuncie a si mismo que cargue con su cruz (cruz que no hay que inventarla viene sola) y que me siga... el que pierda su vida por mí y el evangelio la salvará". Mc. 8, 35.

Hay una gracia que hay que pedir al Señor, cuando lo quieres seguir, es su humildad, el profeta Isaías dice: "El Señor me ha hecho oír su palabra, yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban. no aparté mi rostro de los insultos..., " Isa. 50, 7 Si desean un ejemplo claro, hace unos meses los obispos, sacerdotes y pueblo creyente de Nicaragua, salieron a protestar, algunos fueron muertos, otros golpeados insultados y calumniados, por pedir justicia, libertad y compasión, ellos cargaron la cruz, con humildad, sabiendo que: "El Señor les hará justicia" Isa. 5,7 .

Acerquémonos con fe a su divina presencia en la Eucaristía, para cultivar una relación personal con él purificando muchos afectos desordenados y expresando con humildad:" Señor a quien iremos...Tu eres el Mesías, mi Salvador y mi ayuda; en ti confiamos. Amen