Reflexiones -  5 de Agosto de 2018

Yo soy el pan de la vida: el que acude a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed. Jn. 6, 35

El Evangelio de este domingo nos sigue hablando sobre el pan de vida, pero la afirmación que hace Jesús de YO SOY, es en relación con una necesidad que tenían sus seguidores
y nosotros; "Señor danos siempre de este pan". Jesús hace una de las grandes definiciones, de para que el vino a este mundo. Jesús se identifica como el Pan que nos sacia el ansia y la sed de felicidad.

Siempre que leo el texto de Juan sobre el Pan de Vida me viene a la mente una frase de san Agustín: "Señor mi corazón estará inquieto hasta que no te encuentre a ti". Hoy muchos hombres y mujeres buscan a través de la tecnología la felicidad, otros lo hacen con diferentes adicciones buscando un minuto de felicidad y poniendo en peligro su vida y la de los demás

El Señor en el Evangelio nos invita a saciar nuestra hambre y sed de felicidad a través de la Eucaristía el pan de vida. Aunque tengamos problemas: "La Eucaristía...es un remedio y alimento también para los débiles: que nos sostiene en nuestro caminar:" Papa Francisco. Jesús entra en nuestras crisis y nos hace purificar nuestras intenciones para tomar las mejores decisiones. Me decía una señora viuda: "si no fuera por la Eucaristía y por esos ratos delante del Santísimo Sacramento, no sé qué hubiera sido de mi vida". Esta señora viuda tuvo la sabiduría del Espíritu Santo de acudir a Jesús el Pan de vida para llenar esa necesidad de consuelo, paz, y esperanza que tanto necesitaba al perder su esposo, ella también descubrió a través de la fe, el "amor incondicional de Jesús " en los momentos de soledad, ayudándole a enfrentar su momento difícil con fe y esperanza cristiana.

Presentemos delante del Señor en la Eucaristía dominical, nuestros anhelos de ser saciados del pan de Vida, y nuestra sed de felicidad, justicia y paz.

No quiero finalizar sin recordarles que mañana día 6 es la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo en gloria, a él sea la soberanía y el dominio, por los siglos de los siglos. Amen