Reflexiones -  26 de Agosto de 2018

"Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna... tú eres el Santo de Dios". Jn. 6, 69

El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre la búsqueda y el seguimiento del Señor que nos amó primero.

Que bien lo expresó Pedro en este Evangelio: "Jesús tu eres el Santo de Dios'.

Pedro manifiesta el único camino que tenemos para conocer al Señor, sus palabras, sus hechos, sus ideales y sus exigencias en el seguimiento.

"Jesús tu eres el Santo de Dios". Porque en ti Señor se nos revela al Dios vivo y verdadero, poderoso, pero también pobre, es el hijo del hombre que no tiene donde reclinar su cabeza y sufre por amor. "Ustedes no me quitan la vida yo doy la vida por ustedes". Jn.10, 18

Jesús también nos enseña en este evangelio: "que nadie puede venir a Él, si el Padre no se lo concede", ¿que se requiere de los apóstoles y de nosotros? San Pablo nos habla "de una sabiduría escondida venida de Dios". 1 Cor. 1, 30, por supuesto para recibir esa sabiduría se requiere una gran pobreza de corazón ; y disponibilidad a los dones del Espíritu Santo (don de sabiduría), que sopla donde quiere, ahí está en la historia de la Iglesia, la vida de los apóstoles y de muchos santos, que fueron ejemplos en el seguimiento a Jesús pobre y humilde, en persecuciones y humillaciones, viviendo lo que esta Palabra nos enseña : "El Señor es nuestro Dios" Jos. 24,17.

Hoy en este siglo de tanta confusión decimos: "¿Señor a quien iremos?". En un ambiente de globalización de la superficialidad, donde se nos ve como "gente rara". En la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, el Papa Francisco expresa: "Alégrense y regocíjense" Mt. 5,12, les dice Jesús a los que lo siguen y son perseguidos o humillados. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para lo cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. Desde el principio de la biblia estamos llamados a la santidad. Así se lo proponía a Abraham: "camina en mi presencia y se perfecto". Gen.17,1

Pidamos al Señor en la Eucaristía no solo imitarlo sino transformarnos en Cristo, "viviendo la gracia del bautismo”, llevando el mensaje de salvación no aisladamente sino como un pueblo que lo confiesa en verdad y le sirve santamente en la familia, en los trabajos, y en la comunidad: creyendo con una vida autentica "que Él es el Santo de Dios"