Reflexiones - 8 de Julio de 2018

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; los que lo oían se preguntaban asombrados: - ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduria es esa...?
¿Y esos milagros de sus manos?
¿No es este el carpintero...? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: no desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa...Y se extrañó de su falta de fe.

El sufrimiento del Señor, el desprecio, y la desconfianza, también lo sufren los cristianos en el mundo cuando tratan de ser coherentes a sus enseñanzas".

Hace unas semanas uno de los jóvenes Catecúmenos me decía esta frase: -Desde que comencé a conocer y a seguir al Señor, los mayores obstáculos los tuve con algunas de mis amistades y hasta familia, nunca había escuchado estas frases: "Te has vuelto un fanático”. "Ahora vamos a montar en el Papa móvil , para escuchar música religiosa.... "Para creer en Dios no hay que ir todos los domingos a misa..." En el evangelio a Jesús no le fue diferente a nosotros, él nos recuerda: "No es el siervo mayor que su Señor".

El ser coherente con lo que creemos y como lo vivimos trae consecuencias, a veces el dolor de ser incomprendidos y no aceptados. Girar alrededor de Cristo y sus enseñanzas tiene un precio, en muchas ocasiones el desprecio, sobre todo los que nos conocieron con anterioridad y a veces se quedan con nuestro pasado, pero no tienen ojos para ver, " el cambio que el Señor ha hecho en nuestra vida". ¿Ustedes creen que fue fácil la vida de Zaqueo y la Magdalena después que se convirtieron? ¿Sabes que era lo que los mantenía firmes en el seguimiento del Señor? La fe era lo que les daba la certeza que el Señor caminaba a su lado, dándoles fortaleza, nosotros tenemos dos sacramentos que nos fortalecen en la fe, el Cuerpo de Cristo el pan de vida y el examen de conciencia para pedir perdón en el sacramento de la Confesión, por las veces que también nosotros no hemos perdonado los rechazos y desprecios, que hemos recibido de otros hermanos.

Recuerda cuando nos reconocemos débiles delante del Señor él nos da la fortaleza. Como decía Pablo: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mi la fuerza de Cristo. 2 Cor. 12, 9.

Pidamos al Señor en la Eucaristía pureza de intención, para tener "los mismos sentimientos de Jesús". Flp. 2, 5, a través de los dones santificantes afectivos que nos fortalece frente al rechazo del mundo y la piedad, para unirnos a El, en la cruz de cada dia con fe, esperanza y caridad. Amen