Reflexiones - 10 de Junio de 2018

"El que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón". Mc. 3,28

Hace poco veía un programa de entrevistas y la persona entrevistada, decía esta frase: ¿Si Dios es tan bueno como dicen porque pasan todas estas calamidades?, el entrevistador le contestó, Señor, yo no soy creyente, pero llénese de un poco de esperanza, muchas de las cosas que Ud. le achaca a Dios son problemas que también los creamos nosotros.

De todo lo que se habló para mí la clave era: "llénese de Esperanza".

Desafortunadamente el grave pecado del mundo actual es que algunos viven sin esperanza, una de las virtudes cristianas y del equilibrio sicológico

Cuando Jesús vino a este mundo inauguró el tiempo de la esperanza, para todos los hombres y mujeres, sin embargo, a veces "el enfoque " con el que miramos la vida está empañado” por una cultura de la muerte y la negatividad, producto del pecado."

Deja que el Señor actúe en tu vida "tenemos que soltarnos en El " para arrepentirnos del pecado de la desesperanza, Jesús te dice: Confía en mí. Cree en mí. No tengas miedo. Libérate de todas tus inseguridades y cálculos humanos. "Yo he vencido el mundo. " Jn 16, 33

San Pablo nos dice que el que vive en la esperanza cristiana: "Es una persona que posee el espíritu de la fe...y que los sufrimientos momentáneos y ligeros le producen una riqueza eterna y una gloria que lo sobrepasa con exceso". 2 Cor. 4, 13- 5,1.

En el Evangelio Jesús también nos llama a tener esperanza y confiar en él, este es el tiempo de la obra del Espíritu Santo, "el mal no tiene la última palabra, al contrario, pese a todas sus mentiras durante miles de años, el bien sigue obrando en el poder del Cristo de la Esperanza, aunque "esta buena noticia no salga en los noticieros".

Cuando recibas al Señor en la Eucaristía te invito a reflexionar con El, sobre la virtud de la esperanza. Jesús dice: No trates de acomodarme a mí en tus planes limitados, sino procura encontrar tu lugar en los míos. Entonces si vivirás con esperanza, y cumplirás como la Santísima Virgen María el plan de Salvación, siendo dócil al Espíritu Santo en la cotidianidad de tu vida, dando alegría y esperanza cristiana. Amen