Reflexiones - 1 de Julio de 2018

"Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz, queda sana de tu enfermedad". Mc. 5, 34

En el Evangelio de este domingo aparece la figura de una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Ella había oído hablar de Jesús y tuvo fe en que podía curarla, por eso se acercó a él "por detrás" y le tocó el manto, y quedó curada de inmediato del flujo de sangre.

La pregunta que deberíamos hacernos al leer este evangelio es: ¿Cuan profunda era la fe que tenía esa mujer? Siento que tener fe es aceptar la palabra de esa otra persona, quizás esa mujer había oído que Jesús decía: "Venga a mí el que está cansado y agobiado que yo lo aliviaré “. Mt: 11, 28 La mujer del evangelio necesitaba ser acogida y sanada de muchos agobios, entre ellos su enfermedad. Por muchos años había buscado y gastado su fortuna buscando su sanación y la paz del corazón, que sólo el Cristo de la esperanza y de la vida le puede dar, " Mi paz les dejo mi paz les doy, no la doy yo como la da el mundo". Jn. 14, 27.

La mujer extranjera fue curada pero también recibió el milagro de sentirse amada, acogida, Jesús le ofreció una razón para vivir, como hija querida, perdonada y redimida por su divina misericordia: "mujer vete en paz".

Hoy el Señor nos pide a todos que nos acerquemos a Él con fe a través de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, sacramento que nos de la paz y la sanación espiritual.

No quiero finalizar sin recordar el Independence Day, día de la Independencia de nuestro país, el 4 de Julio de 1776. Es un día de agradecer a Dios en familia, por vivir en un país de libertad y de históricos fundamentos cristianos. ¡Que Dios bendiga America!