Reflexiones - 27 de Mayo de 2018

"Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios". Rom.8,14

Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Todos los días proclamamos la grandeza del Dios Trino, cuando hacemos la señal de la cruz, al levantarnos, al acostarnos, cuando entramos en el templo, y rezamos el rosario.

¿Qué es lo que nos impulsa a adorarlo y reverenciarlo?

Dice el apostol Pablo: El Espíritu de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza... y en el cual vivimos nos movemos y existimos". Hechos 17, 28. Por eso llevamos en nuestra alma la vida divina, "por el cual podemos llamar Padre a Dios". Rom. 8, 15.

Pero también lo adoramos en la filiación de hijos. Su Hijo Jesucristo asumió nuestra condición humana menos en el pecado, y se encarnó en el vientre de la Bienaventurada Virgen María, viviendo como un hijo de familia, y compartiendo su filiación divina con nosotros. "El Verbo se hizo carne y habito entre nosotros" Jn. 1,14. Por eso la lógica de toda criatura humana es "Amar a Dios con todo el corazón con toda tu alma y con toda tu mente".Mt.22,37.

También lo adoramos en una dimensión espiritual. La semana pasada celebramos la venida del Espíritu Santo a la Iglesia y al mundo. Jesús nos decía: "El Padre les enviara su Espíritu”. Jn 14,26. Es el Espíritu Santo, que riega y fertiliza el huerto del alma humana y produce frutos en la personalidad.

En el Antiguo Testamento encontramos la manifestación de Dios en el Sinaí, en el trueno, en la zarza ardiente, y en el Nuevo Testamento en un Dios que se encarna y muere por nosotros en la cruz y resucita.

El quiere que lo encontremos resucitado "en los rostros humanos", "tuve hambre y me distes de comer", andaba sediento buscando la verdad, y tú me mostraste al Dios vivo y
verdadero". "Te lo aseguro cuando lo hiciste con el más insignificante conmigo lo hiciste". Como dice el Salmo 33, 5: "el ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra". Dejarnos guiar espiritualmente por el Dios Trino es practicar el mandamiento del amor, " Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo". Mt. 22, 37-39, porque Dios es Amor, y el hermano es una extensión de su amor. Amen.