Reflexiones - 8 de Abril de 2018

Porque me han visto, has creído dichosos los que creerán sin haber visto. Jn. 19, 29

En este segundo domingo de Pascua, el evangelio de Juan nos narra dos acontecimientos de fe. En el primer acontecimiento, Jesús se les aparece a los apóstoles y "sopla sobre ellos el Espíritu Santo", con el mandato sacramental de perdonar los pecados a todo aquel que se arrepienta y crea en el Señor, vivo y resucitado. El segundo acontecimiento de fe es el encuentro con Tomas uno de los doce llamado también el incrédulo de la fe. El Señor les muestra sus llagas y el costado y le dice: "Porque me has visto has creído dichosos los que creerán sin haber visto"

¿Cuál fue el sentido de fe que el Señor quiso manifestar en los apóstoles y en cada uno de nosotros después de la resurrección? Fue para aumentar nuestra fe en él y en su divinidad; y dar testimonio de vida.

Esta experiencia Pascual de la fe produjo en sus discípulos y seguidores un cambio de vida, ahora ya no era lo que ellos pensaban o decían, sino su modo en que Vivian "de un modo coherente" la fe en Jesús, “miren como se aman." Hech. 2,47. Los discípulos trataron de vivir la fe como resucitados, con su escala de valores. No tenían necesidad de teorizar sobre Jesús sino de reproducir con la ayuda de la oración, al Señor en su vida, en su familia, en medio de la Sinagoga y del Imperio Romano, hasta dar su vida por Cristo, como lo hacen hoy muchos cristianos en el Medio Oriente, y en África, ¿sabes que eso está sucediendo en este momento en algunos países?

El testimonio de la fe también mueve en otros hermanos hacer cambios, arrepentirse, (la Confesión, el Bautismo). Recuerda: "Un ejemplo vale más que mil palabras"

Otro regalo de fe manifestado a los discípulos de Cristo con la ayuda del Espíritu Santo fue reconocer los signos de los tiempos que les tocó vivir y vencer con la ayuda del Cristo resucitado, aquellas fuerzas del mal que actuaban contra el hombre y que también hoy lo siguen deshumanizando por ej. los valores mundanos del poder, prestigio, corrupción y violencia diabólica, que lo vivimos a veces en nuestro ambiente social, y que no tienen nada en común con el Cristo vivo y resucitado.

Pidamos al Señor resucitado en la Eucaristía, la gracia de despertar en nosotros la "compasión y la fe", para vivir en nuestra comunidad como testimonio de vida y poder del bien, la verdad y la justicia, que nos trae Jesús vivo y resucitado. Amen.