Reflexiones - 11 de Marzo de 2018

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Jn.3, 16

En el evangelio de Juan encontramos esta frase que resume inequívocamente el sentido de nuestra fe. El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús es incondicional, el sana nuestras heridas. Como dice san Agustín: Dios es más íntimo a mi ser que yo mismo. Y la fe es la conciencia de esa intimidad.

Dos actitudes ante el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús:
La primera actitud es la convicción de que " porque somos amados, amamos gratuitamente, y nos hacemos dignos de un mayor amor." San Bernardo.

Hay otra actitud, la fe de sentirnos amados y felices porque sabemos que estamos haciendo su voluntad: amando a Dios y al prójimo. Esa fe en el Hijo que se entregó por nosotros, es lo que nos hace observar los mandamientos de amar a Dios y al prójimo, "no para ganarme o conservar su amor", sino como dice Pablo: " estamos salvados por su gracia mediante la fe, no se debe a nosotros y tampoco a las obras, es un don de Dios" Efe. 2, 8. Es la fe auténtica en Dios, que madura en la oración donde se perfecciona, aceptando del Señor su plan de salvación, en nuestra familia y comunidad, como diría Sta. Teresa, "no me tienes que dar para que te quiera" ,sino como un hijo que "bebe de la fuente de agua viva" nos llenamos de amor y fe, "para ser luz del mundo ", cooperadores de la gracia, recuerda la fe no es quietismo, ni es el resultado de un razonamiento o argumentación , al contrario , el amor y la fe en Jesús " tiene dos manos", la primera el perdón , que jamás nos abandona, ni siquiera a pesar de nuestras faltas, la otra mano su resurrección , la cual nos revela que Dios nos sostiene incluso más allá de la muerte. Amen