Reflexiones - 4 de Marzo de 2018

El celo de tu casa me devora. Jn. 2, 17

Hoy el evangelio nos presenta el. celo de Jesús por el Templo morada de su Padre Dios y la expulsión de los mercaderes.

Al estudiar la historia del pueblo de Israel encontramos que el Templo para todo hebreo piadoso era un lugar sagrado. Allí peregrinaba el pueblo a lo menos una vez al año a ofrecer sacrificios y hasta en la parte exterior del templo se podían comprar los animales para los sacrificios. El mismo Jesús al nacer fue con María y Jose a ofrecer al templo dos tórtolas como prescribía la ley.

Sin embargo, en este evangelio Jesús derriba las mesas de los cambistas y dice estas duras palabras: "quitad esto de aquí, no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre". Jn. 2, 16

Jesús en esta acción se enfrenta al espíritu del mundo, que no tiene poder sobre el Señor, ni en su templo santo. " el celo de tu casa me devora". "El Señor nos previene contra el espíritu del mundo, que ahoga la palabra y es padre de la impiedad y vuelca nuestros ojos en la confianza orgullosa de los bienes, bajo el engaño de una sabiduría, que no es más que necedad. "Papa Francisco.

La enseñanza de Jesús en el evangelio es a convertirnos en apasionados en el amor a nuestra Santa Madre Iglesia siguiéndole a él llevando la cruz y expulsando de nosotros la tibieza espiritual, y en otros casos expulsando de nuestro corazón la inconstancia en el trabajo pastoral.

Pidamos al Señor en la Eucaristía " que el celo por nuestra Iglesia "nos haga querer y desear, con determinación y amor apasionado ser fieles al compromiso de bautizados actuando y hablando con valentía la verdad del Cristo de la cruz que entregó el templo de su vida, con la certeza que al tercer día resucitaría, y que nosotros si somos fieles a su Iglesia, madre y maestra, resucitaremos con él.