Reflexiones -  23 de Diciembre de 2018

Cuarto domingo de Adviento

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Lc. 1, 27

En este Cuarto Domingo de Adviento, a una semana de la Natividad del Señor, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la Visitación de la Santísima Virgen María a su prima Isabel.

El Plan de Salvación, la Encarnación del Hijo de Dios, se nos revela oculto en el Sagrario del vientre de María Santísima, "la llena de gracia, la Sierva del Señor". Hoy encontramos a otra mujer humilde, Isabel mujer que logra ver lo que "los sabios y entendidos no supieron ver, la presencia del Salvador del Mundo encarnado en el vientre de la Virgen María".

El Evangelio de esta semana es una invitación para descubrir la visita de la Madre que nos trae a nuestro Salvador, al hogar de nuestro corazón: "el Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia". Qué triste seria que la extroversión o peor la superficialidad nos cieguen y no podamos reconocer su venida escondido en la humildad de una Madre.

Aprendamos de Isabel que logra descubrir en el vientre de aquella humilde doncella, "al Verbo hecho carne”, al esperado por los profetas. Que bien lo decía Jesús el Hijo de Dios: “Te doy gracias Padre porque has ocultado estas grandezas... y se las has revelado a los humildes y sencillos..." Si, ese es el gran misterio que celebramos "Dios oculto en el vientre de una Madre". los que lo descubren son Isabel que profetiza: “Bendita tu entre las mujeres, quien soy yo para que me visite la Madre del Redentor del mundo, mi Señor", y su hijo Juan el Bautista que “salta de gozo en su vientre”.

Esta semana al rezar el Rosario en familia, pidamos a la Madre la gracia de abrir nuestros ojos para descubrir la presencia de su Hijo, entre los humildes, los necesitados, los abandonados, que piden una palabra de consuelo, y una limosna de amor y de esperanza. Amén!