Reflexiones -  18 de Noviembre de 2018

"Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo solamente el Padre". Mt.13,32

La Iglesia nos presenta en el Evangelio de esta semana casi al final del año litúrgico un lenguaje apocalíptico: "la gran tribulación, el universo entero se conmoverá..."

Siempre que escucho este texto me viene a la mente algunos hermanos de otras denominaciones que toman literalmente estas palabras con calamidades que ocurren en nuestro mundo para corroborar el fin de los tiempos, sin dar esperanza, pero la interpretación de nuestra santa madre la Iglesia es diferente. Nosotros creemos en el Cristo de la esperanza, que nos invita eso si, a vivir alertas el tiempo que Dios nos ha dado.

Recuerdo que visitaba hace unos años a una anciana profesora que siempre me decía: "que rápido se me ha ido el tiempo", por supuesto esa señora tenía casi cien años. Pero también la señora me repetía: "los mejores años están por venir, cuando me encuentre con el Señor que me dio la vida y me promete muchos más de cien años .la vida eterna", que bien lo expresa la primera lectura del Profeta Daniel: "Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad". Dan. 12, 3

Aprendamos a vivir con responsabilidad y esperanza en el futuro los años que el Señor nos da. El pesimismo y la negatividad no está en el plan de Dios. Nuestra fidelidad al plan de Dios manifestado en Cristo Jesús tendrá su recompensa, como dice Pablo: los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se nos ha manifestado". Rom. 8,18.

Acerquémonos a la Eucaristía dominical, confiando en Cristo que nos garantiza el futuro, estamos en sus manos, por eso decimos con el Salmo: "Se me alegra el corazón ...y mi carne descansa serena: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Salm. 16, 10.

Deseo recordarles que este jueves es el día de Acción de Gracias. Aquí les dejo parte de la proclamación de Acción de Gracias del primer presidente George Washington: ““nuestro deber como personas con reverente devoción y agradecimiento, reconocer nuestras obligaciones al Dios todopoderoso, e implorarle que nos siga prosperando y confirmando las muchas bendiciones que dé El recibimos”. Amén.