Reflexiones -  21 de Octubre de 2018

El que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor...porque ni el Hijo del hombre vino para que lo sirvan, sino para servir, y dar su vida por la libertad de muchos". Mc. 10, 43; 46

El evangelio de hoy nos presenta una realidad que afecta a todos los seres humanos, el ansia de poder., que no le era ajeno ni a los del círculo más íntimo del Señor, Pedro, Santiago y Juan. También encontramos en el evangelio de Mateo la misma situación con la madre de los Zebedeos, pero es la misma pregunta. ¿Señor que poder van a tener mis hijos?

Jesús reunió a los apóstoles y les dijo: "El que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor." Esta enseñanza de Jesús tuvo que ser "purificada" de las expectativas que ellos tenían de poder, a veces igual que nosotros.

La Iglesia es humana, divina y en su naturaleza humana ha vivido históricamente esas pretensiones de los hijos de los zebedeos.

Es importante reflexionar que los apóstoles no siguieron a Jesús porque su doctrina del negarse a sí mismo y cargar la cruz les convenciera. No cambiaron su vida y se negaron a sí mismo, por haber entendido y obedecido, igual que nos puede suceder a usted y a mí. Solamente después de convivir con él, de experimentarlo en su vida, lo entendieron y lo obedecieron, hasta dar su vida. A través de Jesús aprendieron hacer la voluntad del Padre: "Ni aun el Hijo del hombre vino para que lo sirvan”.

El camino de la felicidad que nos propone Jesús no pasa a través del poder, sino del servir desinteresadamente. Ahí están las vidas de los santos y santas, laicos y religiosas, su autoridad moral estuvo acompañada por el testimonio de vida, un ejemplo; Mons. Román, en los años 80 fue una autoridad moral y religiosa con los amotinados de las cárceles de nuestro país, poniendo fin a esa situación, ya que ellos conocían "que sus palabras estaban respaldadas por el testimonio de su humildad y una vida entregada al Señor, la Virgen, y el prójimo”.

Pidamos al Señor en la Eucaristía que nos ayude a purificarnos de la enfermedad de todos los siglos y en concreto del siglo XXI, el protagonismo y la enfermedad del poder y del querer ser los primeros , los santos nos recuerdan que para seguir al Señor, " hay que beber su cáliz y ser bautizado en su bautismo y servirlo hasta las últimas consecuencias, este es el antídoto que nos cura y fortalece " para entregar la vida, en el cansancio de todos los días , con cruces y agonías , con alegrías y consolaciones, pero siempre mirando al Señor que inició y completo nuestra fe , para hacer la voluntad del Padre.