Reflexiones - 10 de Septiembre de 2017

"Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas Si te escucha, habrás salvado a tu hermano..." Mt. 18,15

Esta frase de Cristo se enmarca dentro de lo que llamamos la corrección fraterna, es una enseñanza de las primitivas comunidades que se formaban alrededor de los discípulos de Cristo. Estas comunidades la formaban diferentes grupos. con diferentes culturas, algunos provenían del mundo pagano, y por supuesto las tensiones y los enredos, no eran ajenas a la realidad comunitaria, que se pueden repetir en la actualidad.

A la luz del Evangelio podemos ver que, en la mayoría de los conflictos, comunitarios y sociales hay una ausencia de la presencia del Señor, y de compasión. Ya en la segunda lectura se nos dice: No tengas con tu prójimo otra deuda que la del amor mutuo ...pues quien ama a su prójimo no le causa daño a
nadie” Rom 13, 8.

Sabemos que en las relaciones humanas siempre hay fricciones, incomprensiones. El Señor en este evangelio nos invita a tener una relación positiva, que no busca la destrucción o el desvalorar al hermano, a veces hasta con mentiras y calumnias. Hay que practicar la caridad fraterna, con el que se equivoca, con el que no me simpatiza, o el que te hace "la vida un yogurt", en la familia, en el ambiente laboral y hasta comunitario, pero recuerda esos hermanos son tu prójimo, "que se yo lo que hay en el corazón y la mente del que me ofende”, también son hijos de Dios, y son "signo de como tu estás viviendo tu madurez en la fe".

El Papa Francisco nos dice: "Les exhorto a cuidarse con amor los unos a los otros.... es un camino exigente que requiere de nosotros "paciencia y misericordia", incluso en los ambientes descristianizados. Por esto envió Dios a su Hijo, para que el cargara sobre si nuestros pecados. Seamos tu y yo mensajeros y testigos de la infinita bondad del Padre".

Aquí te dejo con estas frases para cuando recibas la Eucaristía: "Señor ayúdame a ser misericordioso con mi prójimo, como tú lo has sido conmigo. Dame la fortaleza espiritual, para siempre disculpar al hermano que me ofende, y a los que he ofendido de pensamiento palabra y obra., aprender como dice el Papa: "a pedir perdón al prójimo", y arrepentidos ir a la Confesión".