Reflexiones - 1 de Octubre de 2017

"Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios" Mt. 21,30

Hoy el evangelio nos presenta dos actitudes frente al llamado del Señor y el cambio de vida. En tiempos de Cristo había dos grupos bien definidos los judíos, observantes de la ley, “los justos”, ...y los judíos no observantes, que desconocían la ley y los paganos, que se les consideraban malditos Jn. 7,49. A estos dos grupos Jesús los llama obedientes y desobedientes. La actitud del hijo menor obediente dice que sí, "solo de palabras". Pero dice Jesús que esto no basta. no todo el que dice Señor, Señor entrara en el Reino de los cielos sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en el cielo". Mt. 7, 21. En el fondo sentían miedo de hacer cambios, y

no aceptaron la praxis de Jesús y su concepción del Reino de Dios, que ahora se acerca a todos: “era el dedo de un Dios que quería perdonar a todos, incondicionalmente" sin embargo ellos no lo aceptaron y se quedaron "en sus leyes, que les daba "seguridad", pero sin hacer cambios en sus vidas.".

Por el contrario los publicanos los pecadores despreciados , "los malditos de Dios' , aceptaron el llamado a la penitencia y se arrepintieron y cambiaron su vida, como dice la primera lectura: “Si el pecador recapacita y se arrepiente de los delitos cometidos ciertamente vivirá y no morirá" Ez. 18, 28 . Los cumplidores se quedaron en su justicia, y rechazaron al justo por excelencia.

También a nosotros el Señor nos invita a preguntarnos como respondemos a su llamado de cambio, digo que sí, con superficialidad, pero sin compromiso, porque pienso que "ya estoy salvado, por mi 'señoría en la fe, y porque no mato ni robo", por el contrario reconozco mis debilidades "y me dejo instruir en los caminos, del Señor, caminando con humildad y rectitud de corazón" Sal. 25,9, "teniendo los mismo sentimientos de Cristo Jesús , que se humilló a sí mismo, y por obediencia aceptó la muerte de cruz". Flp. 2, 5.

Al recibir la Eucaristía podíamos preguntarnos; ¿Señor, porque tengo miedo que tu transformes mi corazón y mi mente?