Reflexiones - July 9, 2017

Vengan a mí los que están cansados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. ...aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraran descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera". Mt. 11, 30

La Iglesia nos presenta a Jesús que se preocupa por nuestras necesidades. Al Señor no le es ajeno nuestras fatigas y sufrimientos humanos.

En momentos de dolor a veces el ser humano no sabe dónde acudir, algunos acuden a la bebida...,
otros sienten un "vacío existencial” que les hace preguntarse ¿para que yo vine a este mundo, solo a sufrir y padecer?

Sin embargo, al Señor no le es ajeno nuestros agobios existenciales, "el asumió nuestra condición humana se hizo semejante a nosotros en todos menos en el pecado". Solamente pide de nosotros sumisión y obediencia.

Los judíos de la época de Jesús conocían muy bien la sumisión a la ley. Las prescripciones de la ley de Moisés era algo agobiante, pero sobre todo "el cumplimiento", para los marginados de la sociedad, las mujeres, los niños, los pecadores., él les dio la misma dignidad de respeto y amor. Como vemos en su vida, Jesús no rechazó la ley, sino que relativiza, las "tradiciones humanas" frente al mandamiento del "amor al prójimo". "No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre sino lo que sale de la boca es lo que lo mancha" Mt. 15,11. La misericordia del Señor humilla el corazón altivo y prepotente del ser humano, en cambio es el refugio del que no tiene adonde ir, y del que no tiene ninguna esperanza.

Jesús nos ve como una familia de hermanos que tienen a Dios como Padre amoroso.

Jesús no nos mira desde lo alto del poder, sino desde nuestra miseria, desde nuestro pecado y marginación, y nos invita a nosotros como bautizados, a permitir que "el cansado y el agobiado”, nuestro prójimo, pueda encontrar en nosotros el descanso y la comprensión de Jesús. Todo esto se lo pedimos en la Eucaristía que vamos a recibir. Amen.