Reflexiones - July 23, 2017

Les propuso esta otra parábola: El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas...y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Mt. 13, 31-32

El Señor nos sigue hablando en parábolas del Reino de Dios, y dice: "que el que tenga oídos para oír que oiga".

Vivimos en un mundo de mucha extroversión, y mucho ruido que nos quitan la sensibilidad de saber escuchar, y sin embargo Dios transmite las 24 hora del día, a veces en cosas muy sencillas, una sonrisa, de un niño, la compasión de unos jóvenes; que dedican sus vacaciones a trabajar ayudando a construir viviendas para familias pobres en Centro América.

Nos cuesta trabajo aceptar que esa pequeña semilla de la fe, que recibimos en el bautismo pueda dar frutos., en un ambiente social donde lo que cuenta es lo grandioso. También en tiempos de Cristo, el pueblo de Israel sentía que cuando llegara el Reino de Dios, introduciría una nueva era de paz, poder, triunfo, y el símbolo era para ellos "los cedros del Líbano", con una altura de más de noventa metros, aves de todas las especies anidarían a su sombra.

Sin embargo, Jesús en esta parábola propone algo muy diferente, el Reino de Dios es semejante "a un grano de mostaza”, la más insignificante de todas las semillas.

¿Que nos quiere decir el Señor con esta insignificante semilla? Que el Reino de Dios, no es lo espectacular que nosotros esperamos, es exactamente lo contrario. La parábola de Jesús nos invita a encontrar esa semilla de la fe, pequeña a veces "insignificante”, en lo cotidiano de nuestra vida, en el sacrificio de un padre, y de unos hijos por sus padres, de la entrega de una religiosa... porque la semilla del Reino está dentro de nosotros, crece, pero no como "un cedro del Líbano;" crece, pero modestamente en la sencillez de nuestra vida.

Esta parábola puede hacernos también reflexionar sobre el cómo queremos a veces evangelizar, confiando en que se convierta en una "gran organización visible”, si así pensamos, quizás no hemos entendido el secreto de la semilla de mostaza y de la idea que Jesús tenia del éxito del Reino de Dios. El Reino de Dios se manifiesta en los pequeños cambios de nuestras actitudes, y conducta de un alma arrepentida, que tal vez nadie note, la caridad y compasión hacia el prójimo. Esas son las obras poderosas del Señor y no los grandes triunfos externos.

Demos gracias al Señor en la Eucaristía, "por el grano de mostaza del Reino de Dios, que crece silenciosamente en nuestra vida cotidiana."