Reflexiones - July 2, 2017

"Quien diere, aunque sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa’. Mt. 10,42

La Iglesia nos sigue presentando en el Evangelio el seguimiento de Jesucristo.

Jesús nos pide absoluta lealtad y fidelidad a su persona, que se refleja en nuestra actitud hacia el prójimo, a veces pueden ser pequeños detalles, “un vaso de agua", pero en el contexto en que hablaba Jesús, tenía un profundo significado de vida. Jesús también nos quiere indicar en este evangelio que ningún trabajo, esfuerzo, sacrificio por el prójimo, aunque sea pequeño quedará sin recompensa, "la radicalidad evangélica" significa: "cargar con la cruz de cada día y seguirlo".

¿A qué cruz se refiere Jesús? Es asumir las dificultades de cada día. Desde que venimos a este mundo nos encontramos con dificultades y sufrimientos, pero te tengo una buena noticia. "Cuando cargas la cruz, tú no estás solo. ¡Cristo va delante! y a ti no te va a ocurrir nada que a Él no le haya ocurrido", y recuerda lo que él te dice: "Tened fe yo he vencido el mundo".

A veces se nos olvida que "el cielo se gana aquí". Por eso lo que hagamos aquí por el prójimo tiene tanta trascendencia". Hemos sido creados por Dios, somos hermanos de Cristo, somos familia de Dios, por eso el prójimo no puede ser indiferente para mí.

Ahora la pregunta seria, ¿cómo vamos a servir a Cristo en el prójimo?

Hay una virtud que nos ayuda en el seguimiento de Jesús, su humildad, sinónimo de: negarme a mí mismo cargar su cruz y seguirlo. Ese es nuestro "Social Security" que nos identifica como servidores de él y nos abre la puerta del cielo.

Le pedimos al Señor en la Eucaristía, tener los mismos sentimientos de sencillez y amistad que tuvo El, para "más amarlo y servirlo", a través del más necesitado, en concreto descubrir “su presencia en todo aquello que me santifica, esa es mi recompensa".