Reflexiones - May 22, 2017

"El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama". Jn 14, 21

En el evangelio de hoy el Señor nos invita a cumplir sus mandatos, haciendo una opción preferencial por seguirlo a Él, y seguir su estilo de vida de entrega y amor.

Sabemos que por nuestra fuerza sería imposible seguirlo a Él, y hacer el bien. El Señor le dice a Pedro que debía seguirlo en el despojo: "Cuando eras joven tu ibas donde querías, pero cuando seas viejo extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevara adonde no quieras". Jn. 21, 18. Pero la pregunta seria. ¿De dónde podemos sacar las fuerzas espirituales? El evangelio nos invita a dejarnos guiar por el Espíritu Santo, el consolador, "el Espíritu de la verdad”, que habita en nosotros, por el Bautismo y la Confirmación.

Hermanos cuando nos damos a la tarea "de vivir según los valores de Cristo en el mundo" preparémonos a "padecer haciendo el bien" 1 Ped. 3, 16. Sin embargo el Señor nos promete que no estamos solos, el Espíritu Santo estará siempre con nosotros fortaleciéndonos con la cruz de cada día: "patíbulo para unos, idiotez para otros, ...para nosotros fuerza de Dios". Papa Francisco.

La invitación del Señor es que dejemos que el Espíritu Consolador tome control de nuestra vida, con sus cruces, dejando que el actúe.

Sabemos que la vida es dura , pero también sabemos que Cristo nos dejó el Espíritu Consolador , para que nos fortalezca en la vida espiritual , y así vencer las asechanzas del Enemigo, sin desesperarnos, "el Señor no nos dejará huérfanos", Jn. 14, 18. Quien ama a Cristo, tiene garantizado el amor del Padre , y la comunión del Espíritu Santo, a la hora de tomar decisiones; practicando el bien y evitando el mal, como dice el apóstol Pedro: "Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues mejor es padecer haciendo el bien , si tal es la voluntad de Dios , que padecer haciendo el mal." 1 Pedí. 3, 17.

Pidamos al Señor en la Eucaristía, el espíritu de discernimiento para practicar el mandamiento del amor, en el hermano necesitado de una palabra de aliento y de esperanza, y también en el acompañamiento de su soledad.