Reflexiones - March 12, 2017

"Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puesta mis complacencias; escúchenlo". Mt. 17, 7

En este Segundo Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos presenta la transfiguración del Señor Jesús, y la invitación del Padre de escuchar a su Hijo.

Esta revelación de la Transfiguración es la antesala del anuncio del Señor sobre su pasión, muerte, y resurrección

En un ambiente de muerte y dolor, se transfigura el Señor, para fortalecer a los discípulos en la fe, y confirmar su misión de ser enviado por el Padre, para dar cumplimiento al Plan de Salvación.

"Este es mi Hijo el amado. Escúchenlo". Quisiera detenerme brevemente en las palabras: "Escúchenlo a Él." ¿Qué significaba para los apóstoles escuchar?

Los apóstoles al igual que algunos escuchaban lo que querían, ¿que querían oír?, por supuesto el dolor y el sufrimiento de la cruz no estaba en sus planes, ellos querían "triunfar, reinar, controlar".

La misma pregunta para nosotros. ¿Qué significa escuchar? Me imagino que, para algunos, si el Padre Dios no se comunica a través del twitter, o del Facebook, no lo escucharían...aunque el Señor si se está comunicando en twitter ... a través de su palabra y los mensajes del Papa, ¿por qué no?, ¿pero lo escuchamos?

Leía hace unos días un pensamiento sobre escuchar que decía: "La persona que escucha tiene que despejar su casa para que la persona que habla pueda mudarse ahí". Hay muchas cosas en nuestra "casa", que no nos permiten que Dios entre en el hogar de nuestra alma. Muchas cosas que ocupan" un lugar innecesario" Son intereses, que a veces son llenado por ofertas de falsas felicidad, al margen de lo que es honesto, lo que nos hace libres, y que nos enreda en el pecado. ¡Nadie puede responder por la conciencia del otro!

Esta Cuaresma es un llamado a "escuchar” y darle un lugar en nuestra vida, a "Cristo Jesús, nuestro Salvador que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y la inmortalidad, por medio del Evangelio". 2 Tim. 1, 10.

El Viernes de Cuaresma se nos invita a practicar la abstinencia Quizás una buena abstinencia seria "limpiar mi hogar de ruidos innecesarios", hacer silencio para escuchar la voz del huésped de nuestra alma, Jesucristo y su madre María, a través de nuestra conciencia, la oración comunitaria, el rosario, nuestra familia, la misa, y las contrariedades de la vida.

Recuerda el Señor transmite las 24 horas del día, lo único que nos pide es acogerlo, convertirnos, y "escucharlo a través de la cruz de cada día".