Reflexiones - 5 de Noviembre de 2017

"El mayor entre ustedes sea su servidor" Mt. 23, 12

En el Evangelio de hoy Jesús nos habla de la incoherencia entre el decir y el hacer.

¿A quiénes les dirigía el Señor esas palabras tan fuertes? Eran los escribas y fariseos hombres que dirigían espiritualmente al pueblo de Dios, y tenían una gran influencia en la sociedad, en el aspecto jurídico de la ley, marcando normas de conducta, y juzgando y aplicando el peso de la ley a los demás, aunque ellos eran poco escrupulosos en cumplirla. En el caso de los fariseos habían quitado de la ley la parte humanista , prescindiendo de la compasión hacia el prójimo, y poniéndoles "un yugo insoportable" Por eso Jesús los llama" hipócritas", porque muchos de ellos, vivían una doble moral, y no cumplían lo que imponían." Cargan fardos insoportables sobre los hombros de los demás y no mueven un dedo para ayudar".

Como les decía al principio, había una incoherencia moral entre lo que decían y hacían, les gustaba aparentar, y ocupar los primeros puestos.

Jesús trata de enseñarnos en el Evangelio que algunos líderes del Pueblo de Israel habían perdido el sentido de ser servidores del pueblo de Dios, viviendo ciegos en su vanagloria, y olvidándose que el poder recibido del Dios de Abraham, Isaac, y de Jacob era para servir, " que el que quiera ser el mayor entre ustedes, que sea el servidor de todos" Mt. 20,26.

Que enseñanza podemos sacar los bautizados, hijos de Dios, primero hay que vivir una coherencia de vida entre lo que decimos y hacemos, como decía San Ignacio: “ El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras ."

Como bautizados tenemos que hacer un examen de conciencia y pedirle al Señor, a través de la oración la virtud de la humildad, para “ descubrir lo que está tupiendo las venas de mi vida espiritual ”, y que no me permite desprenderme de muchos afanes para ir a la disponibilidad y la coherencia espiritual que nos propone Jesús: "niégate a ti mismo y carga la cruz" para poner lo mejor de ti al servicio del Reino de Dios. Recuerda: "el que se humilla por Cristo será enaltecido ”. Mt. 23, 12