Reflexiones - January 29, 2017

"Dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra." Mt. 5, 5

Cada vez que leo estas Bienaventuranzas me impacta la palabra "dichosos, felices", porque, ¿quién no quiere ser feliz, dichoso?, pero, ¿cómo podemos ser felices?

Algunos tratan de encontrar la felicidad a la forma del mundo, llenando esa sensación de vacío, girando alrededor de "ídolos" que no llenan las ansias de felicidad. En otras ocasiones sucumbimos a la presión social, queriendo ser dichosos felices, pero con una profunda incoherencia entre lo que pensamos y hacemos. "Nos parecemos a un papalote llevados por cualquier viento".

Jesús en las bienaventuranzas nos invita a ser verdaderamente "felices " no solo en la otra vida, Jesús nos dice: de ellos "es”, en presente, ahora, " ...el reino de Dios". ¿Cómo podemos lograr ser felices? La primera lectura de Sofonías nos dice: "Buscad al Señor los humildes". Sof. 2, 3. Ahí está la clave para vivir estas ocho Bienaventuranzas relacionadas a nuestra convivencia humana. Tenemos que practicar la humildad, lo contrario a la soberbia., y a nuestras incoherencias.

Alguien me decía: "Cuando tienes que convivir con el otro prepárate a sufrir". Necesitamos acudir a Cristo para que él nos ayude a vivir las Bienaventuranza, él es como dice Pablo: "sabiduría, justicia, santificación, y redención. " 1 Cor. 1, 31. Jesús con su sabiduría divina nos ayuda a vivir la virtud de la humildad heroica, que la vivieron los santos. Ellos nos dieron un ejemplo de vida, únicos en santidad e irrepetibles en su estructura celular y genética. ¿Que los ayudo hacer la diferencia? La sabiduría de ser fieles a Dios en el” sufrimiento”, siendo ellos mismos, al practicar la humildad heroica. por el Reino de Dios, "negándose a sí mismo, cargando con su cruz y siguiendo a Cristo, pobre y humilde".

Pidamos al Señor en la Eucaristía la humildad heroica para aceptar las cosas que no podemos cambiar en el prójimo, y valor para reconocer nuestras miserias, y confesarlas, reconociendo que somos felices cuando dejamos que el Señor tome control de nuestro corazón, entonces seremos " dichosos, felices, aquí en la tierra, y en el Reino de los cielos. Amen