Reflexiones - January 15, 2017

"Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo…El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo" Jn. 1, 30

Hoy Juan el Bautista nos hace reflexionar sobre nuestra actitud frente al Cordero de Dios. Lo decimos antes de recibir la Comunión. "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo."

Jesús asumió nuestros pecados, para que seamos transformados por el amor. En nuestro corazón descubrimos fuerzas negativas del mal, y las fuerzas positivas del bien que están en perenne lucha dentro de nosotros.

Hay una actitud muy común de esas fuerzas negativas del pecado en nuestro ambiente social y es el de descalificar, y ser siempre los primeros; "a veces caiga quien caiga". Se descalifican los esposos unos a otros, y a los hijos, cuando solamente vemos lo negativo de ellos, pero también descalifican los hijos a los padres, cuando los ven como "old fashion”, y cuando los padres les indican algo que va en contra de ciertas actitudes irresponsables en sus vidas.

El Papa Francisco nos invita: "a nunca perder el sentido de la humildad y de la caridad, cuando tratamos de decidir por la conciencia del otro, porque podemos juzgar a veces de una forma superficial, sin tener en primer lugar una buena acogida al hermano, y sin acompañarlo en sus dificultades espirituales".

Juan el Bautista nos da un ejemplo de humildad cristiana: "El que viene detrás de mí es más importante...”. He venido a bautizar con agua, (bautismo de arrepentimiento), para que él sea dado a conocer”. "Yo lo vi y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios".

Pidamos al Cordero de Dios en la Comunión, la humildad y el amor para eliminar el pecado de controlar, de descalificar, y sobre todo de dominar. Finalizo con esta frase de Sta. Teresa: "El amor perfecto ama con más intensidad y eficacia. Su mejor interés es dar, no el recibir, y se preocupa de hacer verdaderamente felices a sus amigos, aliviando la soledad del prójimo, haciendo que el otro crezca".

Seamos humildes como una flor frágil y tierna que abre sus pétalos frágiles y tiernos, al crudo sol, y las fuerzas hostiles de la naturaleza. Dejemos que el poder del Cordero de Dios crezca y transforme nuestro actual vivir.