Reflexiones - September 11, 2016

"...cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echo al cuello y se puso a besarlo...celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado." Lc. 15, 20; 23-24

Hoy el evangelio de Lucas nos presenta tres parábolas que nos explican la misericordia y el perdón del Señor para con los pecadores. Deseo detenerme en la Parábola del hijo prodigo, pero antes quisiera compartir esta experiencia.

Hace años visitaba el hogar de un anciano que vivía solo, y cuando yo le preguntaba por su hijo que se había marchado de la casa, él me decía lleno de ternura: "yo oro por él, porque sé que no era malo, fueron las malas compañías... el volverá a su hogar, aquí siempre lo espero..."

En la Parábola del hijo prodigo el Señor nos habla de un Padre bondadoso, nuestro Dios, que perdona y olvida lo que hizo su hijo. Este es un ejemplo para cuando vamos a confesar, saber que hay un Padre misericordioso que nos espera y perdona nuestros pecados, cuando nos acercamos al Sacramento con un profundo arrepentimiento. " Padre peque contra el cielo y contra ti, no merezco llamarme hijo tuyo." Y el Padre Dios lo recibe con profunda alegría y lo admite en su casa. y dice: "Hagamos fiesta porque este hijo mío estaba perdido y ha sido encontrado." Este es el rostro de un Padre bueno que se " brinca los legalismos “, de los que se creían salvados y se indignaban porque el Señor recibía a los pecadores que reconocían su fragilidad, y su necesidad de ser perdonados.

Me llama la atención la otra actitud del hermano mayor que contrasta con la del Padre misericordioso, este hijo es el ejemplo de los que se cierran a la misericordia y al perdón de Dios, y como decía el Señor: ni entran ellos por su arrogancia, ni dejan entrar en el Reino al que busca al Señor, con un sincero corazón". Mt. 23, 14. Yo siento que a veces podemos ser el hijo mayor cuando no aceptamos al otro, "...llego ese hijo tuyo pecador, y haces fiesta". Lc. 15, 30 A veces podemos caer en el pecado del egoísmo, y que en algunos casos puede ser estrechez de miras al juzgar a los demás, impidiéndonos abrir nuestro corazón, con misericordia y perdón.

Hagamos todos un buen exámen de conciencia esta semana para reconocer nuestra falta de misericordia, en este Año de la Misericordia, que no seamos excluyentes como el hijo mayor, y que aprendamos del arrepentimiento del hijo prodigo para hacer una buena confesión, con la humildad de sentirnos acogidos por un Padre misericordioso. Hermano-a cuando el sacerdote te diga "vete en paz”, comprométete a llevar esa paz y acogida del Padre bueno a tu familia, y también a los que están apartados de nuestra Iglesia.

Antes de finalizar deseo recordarles que tengan presente en sus oraciones, en el aniversario del ataque del 11 de septiembre, a todas sus víctimas, familiares, que el Señor proteja nuestra Patria. Amen.