Reflexiones - August 28, 2016

"Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla será engrandecido". Lc. 14, 11

Participaba en la fiesta del retiro del dueño de una compañía, y allí estaban tratando de sentarse en la primera fila todos los nuevos administradores, y al final el dueño del negocio quiso decir unas palabras de agradecimiento, pero cual no fue nuestra sorpresa, cuando el dueño dijo. Aquí falta en la primera fila la persona más importante de esta compañía, la persona que cuando yo comencé se sacrificaba día y noche dejando su tiempo y esfuerzo, para que esta compañía sea lo que es hoy. Después de mandarlo a sentar junto a él, le dijo: deseo compartir parte de mis acciones contigo, por tu sacrificio y humildad, en los malos y buenos tiempos, ¡Gracias amigo por tu sencillez!

Estoy seguro que el Señor Jesús tiene que haberse sentido muy contento en la fiesta del ejemplo anterior. Si te fijas al principio del Evangelio de hoy: Jesús observaba como los invitados escogían los puestos de honor, y les propuso esta parábola, de los que se consideraban” que merecían los primeros puestos, y se consideraban superiores a los otros". Muchas veces en este evangelio el Señor repite: "El que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado”.

El verdadero sentido de la humildad, es recordarnos nuestra fragilidad: "de que le vale al hombre ganarse el mundo entero si pierde su alma". Mc.8,36

Lo contrario de la humildad es la arrogancia, de los que se creen justos, perfectos. Es la soberbia de no aceptar que somos criaturas dependientes, queriendo ser " un poder ante Dios", esa es la barrera que nos separa del primer puesto en el "banquete del Reino". "Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallaras gracia ante el Señor". Ecles. 3,18

Tenemos un ejemplo en Jesús: "Siendo de condición divina se hizo el más humilde de los hombres..." Flp.2,7

La vida de Jesús, fue más ejemplo que palabras, por eso Él te invita a vivir su sencillez de vida,
siendo coherente en lo que piensas, en lo que hablas, en lo que dices que crees, en tus convicciones, en
tu cotidianidad, tu familia, el ambiente social, y la Iglesia, con un espíritu de humildad, que, por supuesto no es apocamiento, ni complejo de inferioridad, ni timidez, ni falta de autoestima.

Pidamos al Señor en la Eucaristía, que podamos descubrir su amor infinito en nuestro pecado, e integrar ese amor en nuestra realidad cristiana, siendo solidarios, y creando puentes de amor y de amistad entre todos los hermanos, hijos del mismo Padre, y hermanos de Cristo, que nos invita a participar a todos en el gran banquete de la salvación".