Reflexiones - July 24, 2016

"Cuando oren digan: Padre santificado sea tu nombre; venga tu reino...”. Lc. 11, 1-2

Jesús nos invita en el Evangelio a orar al Padre bueno y misericordioso, y por todos nuestros hermanos hijos del mismo Padre Dios.

En el Padre Nuestro la primera parte dice: Santificado sea tu nombre". Quiere decir oramos al Santo por excelencia como decía el profeta Isaías: "Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria". También lo decimos en la Aclamación del Prefacio de la misa.

En la segunda parte decimos: "Venga tu Reino". El Reino que nos enseña Jesús a creer, era el Reino del amor y de servicio, un reino de fraternidad humana en el que todo hombre es amado y respetado, sobre todo los más vulnerable de la sociedad, los no- nacidos y los ancianos. Nadie puede tener fe y esperanza en el Reino que nos trajo Jesús sin compasión por su prójimo.

Y decimos "hágase tu voluntad". Pero muchos fracasan porque no saben cuál es la voluntad de Dios en su vida. Dios tiene un plan y un propósito de salvación: Dios no quiere nuestra destrucción. En la primera lectura el Señor le dice a Abraham: Por amor a esos diez, no destruiré la ciudad". Gen.18,32.

Después finaliza el Padre Nuestro con cuatro peticiones.

"Danos hoy el pan de cada día". Jesús nos educa a pedir con confianza el sustento de las necesidades básicas. Sus discípulos no debían inquietarse por lo que habrían de comer...Mt.6, 25. Por supuesto no significa que no se trabaje para ganar el pan de cada día, con JUSTICIA. También en el Pan de cada día está la Eucaristía, pan de Vida, alimento divino, que nos nutre espiritualmente.

“. y perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos al que nos ofende". Esta oración de Jesús de perdonar está en relación al ejemplo del Padre bueno. "Si ustedes que son malo saben dar cosas buenas a sus hijos ...cuanto más su Padre celestial...", les dará el perdón, para que ustedes hagan lo mismo.

" No nos dejes caer en la tentación", de sentirnos dueños y señores de nuestras vidas sin asumir responsabilidades. Líbranos de la tentación de creer en un dios pequeño y manejable que se adapta a nuestros "intereses”, “y se nos olvida que tú no tienes ni principio ni fin, y que nuestras redes son muy pequeñas".

"Líbranos del mal”, de la arrogancia, y de la indiferencia hacia el que sufre, y de rechazar la vocación de la cruz, y mi falta de esperanza cristiana.

La oración del Padre nuestro es una enseñanza para "pedir y buscar", con fe, en que "se recibe lo que se pide", y que "encontraras" lo que buscas. Y sobre todo abrir las puertas de tu corazón, y confiar en que su reino se hará realidad en tu vida". Amen.