Reflexiones - June 26, 2016

-El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios. Lc.9, 62

El evangelio de esta semana nos habla del seguimiento a Jesús ...sin mirar atrás. ¿No mirar atrás significa preguntarnos Cuales son nuestras prioridades? Porque dice el Señor: "allí donde está tu tesoro ahí estará tu corazón". Mt.6,21. A veces le damos prioridad a muchos apegos que te quitan la paz, la alegría y la libertad para elegir seguir al Señor. Se nos olvida que el seguimiento de Cristo tiene que ser coherente con lo que creemos en la vida privada y pública... En el seguimiento puede existir la incoherencia entre lo que decimos creer y después hacemos.

En este evangelio encontramos otro ejemplo de seguir a Jesús, pero con condiciones. "Te seguiré, Señor, pero déjame despedirme de mi familia..." Por supuesto este ejemplo no significa que no tengas sentimientos familiares, ese no es el sentido, al contrario, al arriesgarlo todo por Cristo, nos hace amar más a nuestra familia, con todo el amor y el sacrificio que el camino de Jesús nos ofrece.

Hay otro ejemplo que nos da el Señor en su seguimiento. " El que echa mano al arado y mira atrás no es digno de mi". No mirar atrás significa no quedarnos en el pasado, en una visión distorsionada del ayer que nos lleva a la nostalgia y a la negatividad que no es de Dios. Tenemos que concentrar nuestros pensamientos en la bondad inmerecida que el Señor ha tenido con nosotros al llamarnos y darnos su Salvación, esa es nuestra prioridad.

En la segunda lectura el Apóstol Pablo nos hace profundizar concretamente sobre cuál es nuestra prioridad cristiana para seguir al Señor.

"Es vivir de acuerdo con las exigencias del Espíritu; y no dejarnos arrastrar por el desorden egoísta. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios". Gal 5, 16-17

En resumidas el Apóstol nos dice que vivamos de acuerdo a nuestra vocación cristiana de bautizados, y tratemos de hacer su voluntad en nuestra vida.

Pídele al Señor en la Eucaristía la gracia de hacerte más consiente y que la mayor prioridad en tu vida sea reconocer su presencia a veces imprevista e ilimitada que lo invade todo, aun las miserias humanas, que a veces no comprendes, y que sin embargo puede ser una oportunidad para liberarte y ser más libre e incondicional para seguirlo, cargando la cruz de cada día, sin mirar atrás.