Reflexiones - May 29, 2016

Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece, su sangre derramada por nosotros es bebida que nos purifica. (Prefacio de la Eucaristía)

Hoy nuestra Santa Madre Iglesia celebra la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Esta solemnidad tiene su comienzo a partir del siglo Xlll, fue instituida por el papa Urbano IV, para que el pueblo de Dios profundizara en este santo misterio.

Cabe destacar la figura de santo Tomas de Aquino, el cual clarifico la presencia del Cuerpo y Sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, bajo las especies de pan y vino.

Las tres lecturas de hoy nos ayudan a profundizar sobre este misterio de entrega y amor. Sin embargo, me voy a detener en el Evangelio de Lucas, "denles ustedes de comer...tomo los cinco panes …alzo la mirada al cielo, los bendijo, los partió y se los dio a los discípulos para que lo repartieran a la gente" Lc. 9, 15

El pueblo de Dios sigue al Señor hasta el desierto, les mueve " el hambre de Dios", ellos descubren en aquella soledad la necesidad del Señor, están vacíos como muchos en el mundo actual. Y en esa búsqueda dejan sus casas y sobre todo "el pan de cada día". ¿Y que buscan? Buscan un profeta, desean algo más que los que le ofrece una vida a veces mediocre, y sin esperanza. Y allí en el desierto con miedo de morir de hambre descubren el hambre de Dios. Aquel que les prometía el pan de la vida eterna también se preocupaba de que no mueran en el desierto, y les da el pan terreno para que no mueran, pero también el Pan de Vida Eterna.

El gesto de Jesús es su generosidad, su sacrificio pascual "que se entrega por ustedes", que bien lo narra el

Apóstol Pablo: Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el

Señor Jesús la noche en que iban a entregarlo tomo pan y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes, “Hagan esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con la copa diciendo: Esta es mi sangre ...hagan esto en memoria mía... 1 Cor. 11, 24-25

Hoy cuando recibas la Eucaristía, "alimento que nos fortalece", pídele al Señor dos gracias, que te ilumine en la fe para adorar al Dios vivo, y caridad para preocuparte por los que sufren, y por los necesitados de una palabra de consuelo, ahí esta también el cuerpo de Cristo.