Reflexiones - May 22, 2016

Todo lo que tiene el Padre, también es mío; por eso les he dicho que todo lo que el Espíritu les dé a conocer, lo recibirá de mí. Jn.16, 15
Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Santísima Trinidad. Siempre que llega el día de esta fiesta recuerdo en mi infancia a mi madre, que al acostarme me indicaba que hiciera la señal de la cruz, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En el Bautismo, la Iglesia nos convierte en hijos de Dios por el espíritu de adopción, con la invocación a la Trinidad Santa. También al final de la vida, en los ritos funerales nuestra madre la Iglesia a través de sus ministros bendice los cuerpos de los que han partido a la casa del Padre, con la invocación Trinitaria, para entregarnos en la presencia del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.
Encontramos en la historia del pueblo de Israel manifestaciones del Señor, a través de los patriarcas y los profetas, hasta la llegada de la encarnación del Hijo de Dios en el vientre de María, por obra del Espíritu Santo. Jesús es el rostro del Padre, por eso Él nos habla "del Espíritu de la Verdad, el cual nos iluminara" Jn.16,13.
Quisiera destacar en la vida de Jesús su relación con el Padre. Después de ser bautizado, el Padre lo llama "su Hijo muy amado". El Espíritu Santo lo lleva al desierto antes de comenzar su plan de Salvación, y obediente a la voluntad del Padre, y con él, poder del Espíritu Santo, "lleva a los pueblos que vivían en tinieblas a la luz de la fe".
En su plan de Salvación escoge unos hombres sencillos a los cuales les revela poco a poco que él es el Hijo de Dios hecho hombre. " hace tanto tiempo que estoy con ustedes y no me conocen, el Padre y yo somos uno" Jn.14, 9.
Sin embargo, no es hasta después de la resurrección del Señor, y con la venida del Espíritu Santo que los apóstoles comprenderán el misterio Trinitario.
Te invito este domingo cuando recites el Credo en la misa, darle gracias al Padre creador, al Hijo redentor, y al Espíritu Santo consolador, porque eres hijo de Dios y también hijo de la Iglesia, que lleva más de veinte siglos predicando al Dios Trino y verdadero