Reflexiones - May 1, 2016

La paz les dejo, mi paz les doy: No la doy yo como la da el mundo...Si me amaran se alegrarían de que vaya al Padre... Jn 14, 28

En el Evangelio de este domingo Jesús nos ofrece un signo de su presencia "su paz". Jesús les dice a sus discípulos " no se turbe vuestro corazón...y es que la partida de Jesús no debería provocar turbación ni miedo sino alegría cristiana, porque el mal no tiene poder sobre El. " Tened fe yo he vencido al mundo". Jn. 16,33. Jesús culmina su "éxodo" en esta tierra, pasando por la cruz redentora, obediente al designio divino de amor a la humanidad para ir a la gloria del Padre, pero también nos exige fidelidad cotidiana a su santa voluntad, dando testimonio de nuestra fe, y viviendo con nuestra conciencia en justicia y paz.

Sin embargo, para muchas personas” la paz es solamente ausencia de guerra, de conflictos y de lucha exterior". A veces vemos en la TV manifestaciones pidiendo paz, no más guerras, armas etc…y no está mal, pero por otra parte quizás algunas de esas personas están atormentadas por conflictos afectivos, esposas abandonadas, hijos con familias disfuncionales donde no hay respeto ...y sin embargo quieren paz.

Hay otros que buscan la paz en los placeres, la droga y cuando no logran aliviar el sufrimiento interior, muchas veces llegan hasta el suicidio, es increíble las estadísticas de suicidio entre los jóvenes en nuestra sociedad.

Que bien lo dice el Señor: la paz que yo les doy, no es como la da el mundo. Jesús nos da la paz, el Shalom!, porque el "nos comprende, nos conoce", Él sabe de las ”tormentas de nuestra vida". Él te da la paz cuando parece que todo ha fracasado, como a los apóstoles “que estaban encerrados por miedo ..." Jn. 20, 19.

"Mi paz les doy ", es un signo de su "cercanía junto a nosotros", pero también es un compromiso de llevar esa paz a nuestro hogar a nuestra comunidad, como dice el Papa Francisco: " a tantos que sufren en la periferia de nuestra sociedad las injusticias, y el dolor. Pidamos en la Eucaristía al príncipe de la paz serenidad de corazón, y sobre todo mirar el futuro con alegría y esperanza cristiana.