Reflexiones - April 17, 2016

...dijo Jesús: - Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. Jn. 10, 27

En este cuarto Domingo de Pascua la palabra de Dios gira alrededor de Jesús el buen pastor. Este domingo la Iglesia en muchos países nos invita a orar por las vocaciones sacerdotales y los religiosos.

También la Iglesia nos exhorta a escuchar la voz de Jesús el buen pastor entre las voces de un mundo lleno de extroversión, a veces la voz de tus miedos, voces de superficialidad., “que lleno de sí, es incapaz: se deja fascinar por la apariencia de verdad que tienen todos "los profetas" de la mentira y la vanagloria". Papa Francisco.

Sin embargo, en medio de ese desenfreno grupal en que vivimos, donde a veces no se piensa ni se escucha, hay una voz de esperanza, una voz generosa y con poder que nos perdona y nos llama a seguirlo.

La invitación de Jesús a escucharle nos compromete, "con su palabra que existía desde siempre junto al

Padre y que saco la vida del caos y del abismo, es la sabiduría de la palabra que nos promete la vida eterna".

Dice Jesús: Yo las conozco.

Él sabe de nuestras grandezas, pero también conoce como nos escondemos "dentro de nuestros muros para no dejar que penetre su palabra sanadora en nuestra interioridad herida por el pecado".

"Ellas me siguen".

Lo seguimos cuando a través de la oración descubro que yo ocupo un lugar especial en su Plan de Salvación y entonces la fidelidad en el seguimiento será más auténtico y eficaz. Recuerda que: “...en El vivimos nos movemos y existimos" Hech.17,28

Jesús el Buen Pastor, nos habla a través de muchas voces.

A través de los Pastores que el Señor ha dado a su Iglesia, también a través del Magisterio que el Espíritu de Cristo les ha confiado. Escuchamos su voz, en su Palabra, sus Sacramentos; la Confesión, el Pan de Vida, (la Eucaristía) ...

"Mis ovejas escuchan mi voz", es una invitación a escucharlo a Él, y responder con fe, al llamado de llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, abrir los oídos, romper los yugos que oprimen, y practicar la misericordia y el perdón con la alegría y la esperanza del Cristo resucitado.