Reflexiones - March 6, 2016

Padre dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. ..El hijo menor, juntando sus bienes emigro a un país lejano, y allí derrocho su fortuna viviendo perdidamente. Lc. 15, 1-3

El evangelio de este Cuarto domingo de cuaresma nos presenta la Parábola del hijo prodigo.

Hace días veía en un noticiero de la tv. la desaparición de un joven de su casa. Es muy frecuentes encontrar estos casos donde el joven y la joven abandonan el hogar pensando ellos que se van a sentir más libres, pero a veces desconociendo el "real world", de un ambiente muy violento, y droguero, donde los sueños de estos jóvenes terminan muy mal, pero también cabe destacar el sufrimiento de los padres, se te parte el corazón ver un padre o una madre llorar de dolor, pidiendo que el hijo regrese al hogar. A veces en esa huida de los hijos del hogar puede haber muchas preguntas, por ejemplo, como era la comunicación entre padres e hijos, ¿les dedicaban tiempo a sus hijos? O tenían dos y tres trabajos para poder sobrevivir, y el estilo de vida estresante les impedía compartir con ellos, a veces les damos cosas a nuestros hijos, pero no le damos calor de hogar.

En la historia del Hijo Prodigo, Jesús el Hijo de Dios nos presenta una situación parecida hace miles de años, con la diferencia que este joven en la medida "que fue tocando fondo" reconoció su inconciencia y su condición. Es interesante que el Señor pone como ejemplo, que llego " a cuidar cerdos", situación para el pueblo de Israel que lo convertía en impuro., algo repudiable por los Israelitas. Sin embargo, hoy pueden ser la droga, o la pornografía, o la prostitución juvenil, que se está dando en nuestra sociedad, por grupos que a veces actúan impunemente.

Sin embargo la vida pecaminosa del joven rico se ilumino con la presencia de ese Padre bondadoso que nunca lo había abandonado. "Cuando estaba todavía lejos, su Padre lo vio y se conmovió, y echándose a correr, se le hecho al cuello y lo beso" lc.15. Ese es el Padre que nos espera en el Sacramento de la confesión, en el Ano de la Misericordia. Un Ano de gracia, de un Dios que tiene la ternura de un Padre, pero q también nos invita a reflexionar sobre qué imagen de Dios tengo yo, que no me permite ser misericordioso, y llevar como dice el Papa Francisco " una palabra y un gesto de consolación, a los pobres y familiares y amigos.

Te dejo con una frase de la segunda lectura: "Dios estaba con Cristo reconciliando, al mundo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación". 2 Cor. 5, 19