Reflexiones - February 7, 2016

"Maestro hemos pescado toda la noche y no hemos pescado nada; pero confiado en tu palabra, echare las redes".Lc. 5, 5

Si pudiéramos describir las palabras de Pedro "no hemos pescado nada” veríamos reflejado en esas palabras, por un lado, el llamado de Jesús a servirlo con radicalidad evangélica” echen las redes" y por otra parte la frustración, de perder toda una noche sin pescar nada, incredulidad propia de nuestra condición humana.

Hace años iba con un amigo sacerdote a visitar un enfermo terminal amigo de él, en Coral Gables.

Era la época del beeper, no del celular. Nos dieron la dirección de aquella familia, pero pasaba el tiempo y aquellas calles con nombres nos tenían frustrado, siempre llegábamos al mismo lugar, desesperados y frustrados, encontramos un teléfono público y llamamos para decirles: "lo sentimos, pero llevamos mucho tiempo buscando su casa para visitarlo, y nos regresamos". Cuál no sería nuestra sorpresa cuando alguien nos contestó en el teléfono: "ustedes están bordeando el lago no tengan miedo es al final". En aquel momento solo se nos ocurrió decir: Señor en tu nombre hacemos el último intento. Seguimos hasta el fondo del lago y encontramos la casa y al pobre hombre que le dijo al sacerdote que me acompañaba: "lo estaba esperando”. A las dos horas moría en paz, confortado con los Sacramento. Todo esto fue al final una gran enseñanza: hay que con humildad confiar en el Señor, y "remar mar adentro, y echar las redes”, y pedirle que nos purifique de nuestras incredulidades.

Este Miércoles de Ceniza comienza la Cuaresma. Es una oportunidad” para negarte a ti mismo" y obedecer a Dios, que nos dice a través del signo de la ceniza. "Cree y conviértete a la palabra de Cristo”.

El Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este Año Jubilar 2016 dice: Este es un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, ensenar, perdonar, rezar. Nunca separar las obras corporales de las espirituales....

Los invito a emprender el camino de una conversión no superficial, sino un itinerario espiritual que pasa por nuestro corazón donde maduran nuestras decisiones, nuestras actitudes de amor a Dios y al prójimo, como expresión del libre y positivo esfuerzo en el obedecer y seguir a Cristo, con la oración, la limosna y el ayuno.