Reflexiones - February 28, 2016

Y le dijo una parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.... el viñador le contesto: Señor, déjala todavía este año: yo cavaré alrededor y le echaré abono, a ver si da fruto... Lc.13, 6; 8-9

Hace unos días leía un artículo sobre el Dios ausente, en ese relato se narraba como hay momentos en nuestra vida en que experimentamos la ausencia de Dios, son noches oscuras en que pensamos que "Dios se ha olvidado de nosotros".

Hoy el evangelio nos presenta la Parábola del viñador. El viñador propone echarle

mas abono alrededor de la planta que es nuestra vida, sin embargo, eso no significa que siempre se produzca el crecimiento. El árbol y su crecimiento me recuerda nuestra vida cotidiana, concretamente cuando nuestros esfuerzos por ser mejores cristianos fracasan, y nuestra vida de oración se convierte en "esa noche oscura" donde cuesta ver el fruto de nuestra intimidad con el viñador, y el amor al prójimo

Sin embargo la parábola nos propone seguir esperando, aunque no tengamos éxito en nuestro crecimiento espiritual, esperar , y confiar , porque cuando me doy cuenta de la cercanía de Dios en mi vida, en mi comunidad en mi familia, el éxito y el fracaso no tienen la última palabra , simplemente hago lo que puedo, trato de echar un poco de abono símbolo de mi esfuerzo cotidiano, en mi tierra seca, donde quizás no se vean frutos extraordinarios, pero confió, y oro para acercarme al Señor aunque no sienta intervenciones espectaculares.

Se me ocurre que el abono en esta parábola también puede ser la esperanza que tiene la persona humilde que sigue confiando en el Señor sin tratar de buscar respuestas ante las contrariedades de la vida. En la vida de la Virgen María la madre de Cristo hubo muchas contrariedades, exilio, la cruz de su hijo..., también en la vida de los santos. Hay una frase del Papa Francisco en su visita a Méjico que me tocó, por su sencillez, y profundidad el decía: "Jesús se la jugó por todos nosotros", y aquella contrariedad que se convirtió en una horrible traición y asesinato en la cruz, Jesús la ofreció como expiación por el pecado de la humanidad, al viñador su Padre Dios para que se convirtieran en frutos de redención.

Al recibir la Comunión en esta Cuaresma pidamos al viñador, Cristo nuestro Señor, que abone con su amor incondicional nuestra dura realidad de cada día. Para algunos puede ser la enfermedad, la soledad, la injusticia, y el pecado. Que el Señor nos ayude a esperar y confiar en su gran generosidad en esta Cuaresma, para el perdón de nuestra faltas y pecados.