Reflexiones - February 21, 2016

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambio, sus

vestidos brillaban de blancos. Lc. 9, 28

En este Segundo Domingo de Cuaresma el Señor nos da una enseñanza para este tiempo. "Oren como yo oro, en los momentos difíciles".

Jesús invita a sus tres discípulos a la montaña, " a elevarse, a despegarse de la extroversión para entrar en una relación íntima con nuestro Padre Dios".

Jesús les ensena a sus discípulos, y también a nosotros, que la oración al Padre es el camino para comprender lo que Dios quiere de nosotros. En los momentos difíciles "hay que dejarse amar por Dios", para seguir a Jesús hasta la Cruz, porque amar al Padre es amar a Jesús.

"Este es mi Hijo el amado escúchenlo".

Hay que estar atentos en esta Cuaresma a la propuesta del Padre que nos invita a conocer a su Hijo para más amarlo y servirlo.

¿De dónde sacamos la energía espiritual para cargar la cruz de cada día?, de Cristo, como dice Pablo: “El transformara nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa con esa energía que posee para sometérselo todo" Flp.3, 21.

Dice el Evangelio de este domingo que Jesús después de escuchar la voz del Padre se quedó solo. Jesús recibió la consolación de su Padre Dios, pero ahora tiene que ir a Jerusalén a padecer, a ser solidario con el dolor, a ser incomprendido y traicionado, a dar su vida por todos nosotros, lo acompañan la fuerza de la oración, y la confianza, en ese Padre bueno que nunca lo abandonara.

Pidamos al Señor en esta Cuaresma, que la lectura de su Pasión, la Eucaristía, y la oración nos ayuden a cargar la cruz de cada día, siendo solidarios con los que sufren, ellos son el rostro de Cristo, la gloria del Crucificado.