Reflexiones - November 13, 2016

"Cuídense de que nadie los engañe" Lc. 21, 8

Hoy Jesús en el Evangelio nos presenta un panorama de catástrofe. Una persona decía hace algunos días, que se parece a lo que está ocurriendo en nuestro mundo. Nos sorprende tanta catástrofe, porque siempre asociamos la presencia del Señor, a la paz, al gozo, y la alegría cristiana.

¿Qué sentido tienen todas estas catástrofes que nos presenta el Evangelio? Yo siento que hay un mensaje muy importante, “hay que estar preparados", "no dejen que nadie los engañe, porque mucho vendrán usando mi nombre." Sabemos que hay muchos grupos que hoy en día nos dicen "para de sufrir...", sin la cruz de Cristo, olvidando que se sufre por Cristo, no para que nos tengan lastima sino como sufriente redentor, por nuestros pecados y la salvación del otro, mi esposo, hijos, amigos, aunque yo tenga que pasarla mal, y por supuesto no con sentido patológico. ¿De donde sacamos la fuerza y el consuelo? solamente de Cristo en la Eucaristía él es nuestra vitamina. Hay otros que nos dicen: "El fin del mundo está cerca", y por supuesto sin darnos esperanza cristiana, se les olvida que el Señor siempre tiende su mano hacia nosotros. Él está siempre viniendo, siempre está cerca.

Hay grandes cataclismos que si están en nuestras manos evitar, por ej. "una guerra nuclear", guerras y fanatismo religioso, el hambre, eso sí podemos evitarlo, además de muchas epidemias, que podemos prevenirlas, con los adelantos científicos, y como dice el Señor: Cuídense de que no los engañen con una cultura donde "verdad y mentira es lo que me conviene", el Relativismo moral, el gran engaño que se vive en muchas culturas, y donde hay que dar testimonio de vida cristiana, y donde a veces se paga un precio de persecución por vivir los valores de Cristo, en las Universidades, en los trabajos, en la sociedad.

"Habrá grandes terremotos". A veces solo la sacudida de un fuerte terremoto puede hacernos soltar muchas cosas que me tienen atadas, esclavizadas, que “eran hilos al principio, pero ahora se convierten en cadenas”. Decía Sta. Teresa: El desprendimiento y la humildad andan siempre juntas como dos hermanas inseparables: ¡Hermanas poderosas, señoras del mundo, libertadores de todas las cadenas y enredos! Tan amadas del Señor que nunca se les vio sin su compañía...Hermanas muy tímidas que se ocultan de las personas que la acompañan.

Pidamos al Señor que podamos discernir entre la verdad de Cristo, y la mentira del mundo, y purificar nuestro corazón con la gracia de la Eucaristía, para que su visita de Salvación, no nos coja desprevenidos, sino firmes, para reconocer con desprendimiento y humildad su paso entre nosotros.