Reflexiones - October 23, 2016

“Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido". Lc. 18, 14

Parece un poco "fuerte" el mensaje del Señor en ese evangelio. Vivimos en un ambiente donde muchas veces lo que se valora es la superioridad económica, intelectual, y hasta estilos de vida religiosa para alcanzar felicidad. Esos modelos y estilos de vida se ponen como ejemplos a seguir, y a veces se convierten en jueces de los hombres y mujeres que por diferentes motivos no pueden llegar a esos "estándar de vida económica intelectual y espiritual".

Jesús al presentarnos como oraban el fariseo y el publicano, nos está dando una enseñanza sobre la humillad y la hipocresía que a él le tocó vivir en la cultura religiosa de su época y que a la humildad, es una gracia de Dios que vemos en el actuar de muchos hombres y mujeres cristianos, que nos dan un testimonio de vida.

Te invito reflexionar sobre quienes eran aquellos hombres que nos narra el Evangelio.
Los fariseos eran una minoría en el Pueblo de Israel, pero tenían un poderoso influjo religioso dentro del contexto comunitario.

Para los fariseos el cumplimiento de la ley era obligatorio, además de más de otras normas de interpretaciones de los mandamientos que llegaban a más de 600 entre cosas positivas y negativas que no se podían hacer.

Esta "paranoia" de la ley trajo por consecuencia que redujeron la religión a "normas éticas”, olvidándose de relacionarse con Dios, en amor. misericordia y perdón. Toda esta actitud de los fariseos trajo por consecuencias duros enfrentamientos con Jesús, al extremo de exclamar, utilizando palabras de Isaías: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí".

Dos seres humanos salidos de las manos de Dios. Dos actitudes: el Fariseo que se consideraba salvado por cumplir la ley: "te doy gracias Señor, porque no soy como los demás...ni como este publicano". "El por sus méritos se creía salvado ". ¡Se creía tan bueno...! Su ego lo dominaba, y lo llevaba a la hipocresía, de auto glorificarse, despreciando a los demás, por eso no fue escuchado por Dios.

La oración del Publicano es diferente: Se queda en lo último del templo y no levantaba los ojos al cielo, solo decía: "Señor ten compasión de este pobre pecador". Aquí encontramos un gesto de humildad, de arrepentimiento, de reconocer que todo es gracia de Dios, y que nosotros no podemos comprar el perdón de Dios. El publicano reconoció sus miserias delante del Señor, y experimentó el amor cálido, tierno del perdón, el salió justificado, y reconciliado con Dios. Como dice la primera lectura. "La oración del humilde atraviesa las nubes. hasta que alcanza su destino". Ocles. 35, 18

Tremenda enseñanza nos da el Señor. Deberíamos preguntarnos al examinar nuestra conciencia para ir al sacramento de la Confesión, ¿cómo actuó y pienso en mi vida? ¿confió en el amor incondicional de Dios reconociendo como el Publicano mis egos, miserias, y humildemente arrepentido oro diciendo: "Señor ten compasión de mi que soy un pecador.?".