Reflexiones - January 31, 2016

Les aseguro que ningún profeta es apreciado en su tierra. Lc.4, 24

Recuerdo hace años visitaba unos amigos que hacía tiempo que no veía, ellos tenían una buena posición económica. Después de comer juntos nos fuimos a la sala y en la Tv. se veía un juego de algún deporte, de pronto apareció un anuncio pidiendo ayuda económica para unos niños pobres que tenían hambre. Yo aproveche en ese momento y les hable como cristianos de ser solidarios con los más necesitados, de valorar lo que tenemos. De pronto uno de los presentes me dijo: "cambiemos la conversación porque ni usted ni nosotros vamos arreglar esos problemas, ellos están así porque los padres los trajeron a ese mundo de miseria….

De veras cuando oí esas palabras "se me estrujo el corazón", al sentir como el ser humano se puede volver tan insensible, y me acorde de las palabras de Jesús, “ningún profeta es apreciado", sobre todo cuando hablas de ser justo, y de tener compasión y misericordia con los más necesitados. Recuerda que Jesús sufrió en carne propia el rechazo, no lo recibieron:

El Creador del mundo, el mundo lo rechazo. La Luz verdadera lo rechazaron para seguir las "tinieblas". El Rey de reyes el Señor Todopoderoso, fue coronado, pero con espinas, y le dieron un trono, la cruz redentora. La dureza del corazón de su pueblo producto del pecado lo rechazó.

En la vida de los santos encontramos muchos rechazos por tratar de vivir el talante profético y misericordioso de Jesús el Hijo de Dios. Sería bueno preguntarnos. ¿Porque a veces reaccionamos con tanta frialdad o indiferencia, cuando se nos habla de las necesidades ajenas?

Cuando el Señor nos visita a través de su palabra o del pobre hay dos actitudes. Dejarse transformar por su palabra y reconocerlo en el pobre y necesitado y actuar con caridad, o negarnos a tomar en serio nuestra fe, respondiendo con superficialidad al gran mandamiento del Amor. Pero recuerda: "Si no tengo amor, no soy nada". 1 Cor. 13, 4

Pídele al Señor en la Comunión” pureza de intención" para más amarlo y servirlo en el necesitado, pese a los temores del rechazo, sabiendo que el camina con nosotros, a pesar de las pruebas que recibimos cuando tratamos de practicar la Misericordia.