Reflexiones - September 27, 2015

Maestro hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos Querido impedir, porque no es de los nuestros. Jesús les respondió no se lo impidan... El que no está contra nosotros está con nosotros. Mt.9, 38-40

El evangelio de este domingo nos presenta dos actitudes muy comunes al relacionarnos con el prójimo.

La primera actitud es la de excluir al otro planteado por Juan "hemos visto a uno echando demonios en tu nombre, y se lo hemos impedido"

La segunda actitud es la de Jesús: "NO se lo impidan, el que no están contra nosotros está con nosotros".

La pregunta sería: ¿Por qué se dan estas actitudes de excluir al otro, aun en nuestras relaciones cristianas? ¿Porque esa actitudes de creernos los jueces de los demás?

Recuerdo hace años un joven que se brindó a trabajar en la parroquia y otro hermano que llevaba años trabajando en la parroquia me dijo: " no sé cómo llego este joven aquí para ayudar porque yo lo conocí hace muchos años..." La única contesta que me vino a la mente fue: ¿también le conociste el corazón? que sabes tú lo que ha ocurrido en esa alma. ¿Quién te puso de juez de tu hermano?

Hay personas que se sienten con derecho de juzgar a los demás. Hay quien no le gusta "cara bonita en rostro ajeno". Y lo peor es que ocultan su envidia e intolerancia, excluyendo y descalificando al otro hermano.

El No de Jesús es contundente: "no le impidan al otros acercarse a mí".

Hoy podíamos preguntarnos a l recibir la Eucaristía. ¿Actuó con pureza de intención cuando juzgo al hermano? ¿Acojo a todos los que se acercan a la parroquia por primera vez?

Dice el Papa Francisco una frase que deseo compartir contigo:

"A veces hay actitudes en la Iglesia donde algunos piensan que han alcanzado definitivamente a Cristo". Esa es seguridad en sí mismo y desprecio de los otros y creen que son los únicos fieles y comprometidos con la liberación del hombre. Ese espíritu de suficiencia nace del Mal espíritu, del padre de la mentira....que lleva a la división, las tensiones..." En cambio el esfuerzo constante por la concordia y la unidad es un No al mal y a la exclusión y un Si a la inclusión y a la unidad en Cristo Y a la construcción de su Reino.