Reflexiones - September 13, 2015

“Ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Mc.8, 28.

Parece que el Señor se nos adelantó dos mil años en su encuesta, porque todos los días vemos en nuestra sociedad encuestas de opinión para todo, políticos, económicas, sociales.

Jesús lanza dos preguntas a sus discípulos." ¿Quién dice la gente que soy yo? ...Y ustedes, ¿quién dicen que soy?".

La primera pregunta era basada en la fe que ellos los apóstoles habían recibido de sus tradiciones. La respuesta fue sencilla. “Dicen que eres Juan el Bautista o uno de los profetas". Si te preguntan a ti o a mí, quizás responderíamos," bueno de pequeño me ensenaron, oraciones......

La segunda pregunta del Señor es más comprometedora, más personal. ¿Quién dicen ustedes que soy yo?" Se refiere a ti y a mí, desde nuestra experiencia de fe

Dicen que Pedro contesto por nosotros: "Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios". Sin embargo esa respuesta de fe de Pedro tendrá que irse purificando a través de muchas caídas, negaciones, y arrepentimiento. Es la pasión, muerte y Resurrección de Cristo, la que hará madurar su fe, porque seguir al Señor es "negarse a sí mismo cargar su cruz y seguirlo".

El Pedro que responde hoy al Señor no es el mismo que le responde después de su resurrección a una pregunta parecida. "Pedro ¿me amas?” Le responde, "tú lo sabes todo tu sabes que te amo". Tú sabes todas mis grandezas y miserias, del hombre viejo parapetado en mis rebeldías, en mis apegos. Pero Señor también aprendí que para seguirte con la cruz de cada día hay que madurar en el amor, para hacer tu voluntad, como dice el Papa Francisco: " El sufrimiento que brota de cumplir la voluntad de Dios es condición esencial del Reino de Dios". En el evangelio de hoy fueron duras las palabras para Pedro cuando quiso quitar la cruz del evangelio, trayendo pensamientos que no son de Dios sino de hombres, "tú piensas como los hombres".

El Evangelio de hoy nos invita a madurar en la fe para llevar la cruz como dice el Papa Francisco " la cruz no se la inventa, ni siquiera se le encuentra como si fuera un fatalismo. Es el Señor quien nos la pone sobre el hombro del cual el lleva el mayor peso. Por supuesto necesitamos alimentarnos con la eucaristía y la oración que nos fortalece en la fe y la esperanza, para crecer en fe, haciendo su voluntad cada día.