Reflexiones - July 26, 2015

Jesús tomo los panes, dijo la acción de gracias y lo repartió entre todos. Jn.6, 11

Hoy el evangelio de san Juan nos presenta la multiplicación de los panes...

El evangelio nos narra que muchas personas siguieron a Jesús al desierto porque sentían hambre de Dios y de su palabra, desean algo más que lo que le ofrece una vida sin propósito, y dejan sus casas y el pan de cada día. Sin embargo a medida que se llenan de Dios a través de las palabras de Cristo, sienten que necesitan del pan terreno. ¡Y descubren que aquel que les da el pan de vida eterna, se preocupa de su existencia terrena! ¡El Señor tiene miedo que mueran en el desierto!

Y se da el milagro con unos pocos panes y peces. Pero apenas se llenaron del pan material algunos decidieron negociar con el don de Dios y querían coronarlo rey, pero "Jesús desaparece y se va a la montaña el solo".

Hay dos actitudes frente al milagro de los panes realizados por Jesús.

El primero es mirar con curiosidad el milagro, pero quedarnos encerrados en nuestro pequeño mundo, nuestros egos, ambiciones, mis necesidades, y el milagro se convierte en una "experiencia pasajera”, que no me compromete con la figura adorable de Ntro. Señor Jesucristo, ni con el prójimo. "Ustedes me buscan no por el signo que vieron, sino porque comieron pan hasta saciarse" Jn.6,26

La segunda actitud es descubrir la sensibilidad que tiene Jesús, "él nunca fue un simple espectador" ante las necesidades del prójimo, su sensibilidad me mueve a girar alrededor de las necesidades familiares comunitarias y descubro que "todo me interesa". Y también descubro que Jesús no solo se interesa por saciar el hambre material, que hoy muy bien podrían solucionar las nuevas tecnologías, Jesús se interesa y quiere llenar el hambre espiritual de vida eterna que todos tenemos. Jesús es el pan vivo bajado del cielo" Jn.6,51

Pidamos al Señor en la Eucaristía dominical, que su cuerpo, sangre, alma y divinidad, te convierta en pan de vida para tus hijos, pan de vida para tu esposa-o, con tu afecto y cariño, quizás dedicándoles más tiempo a tu comunidad parroquial enseñando catecismo, preocupándote por el respeto a la vida del no nacido, y por la soledad en que viven personas de la tercera edad.