Reflexiones - May 31, 2015

"Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado". Mt 18, 19

Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Las lecturas de hoy nos muestran de qué manera Dios nos ha revelado su vida intima. En la primera lectura del Deuteronomio Moisés narra las maravillas que Dios ha hecho por su pueblo. “Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro”. Dt. 4, 39

Es el Dios que los libra de la esclavitud y los coloco en la tierra prometida, es el Dios que quiere intimar con el hombre y la mujer, en algunos casos como el Dios protector, y omnipotente, "que tanto nos ama, que envía a su Hijo Jesucristo, para que todos los que creemos en el tengamos vida eterna" Jn. 3,16.

Es el Hijo de Dios hecho hombre que se hace uno como nosotros y entrega su vida por nosotros, y nos envía el Espíritu Santo, Espíritu de paz, de alegría, Espíritu de discernimiento, de fortaleza y de libertad para que podamos anunciar la buena noticia de la salvación en el entorno en que nos movemos, la familia, la comunidad, lo cotidiano.

La solemnidad de la Trinidad es una invitación para reflexionar sobre el amor que Dios nos tiene, y sobre nuestro bautismo, Padre, Hijo, Espíritu Santo, que no es una tradición, sino es vivir como hijos de Dios por el Espíritu de adopción recibido en el bautismo. Hijos limitados pero en comunión con el ilimitado. Y en esa unión con el ilimitado él nos habla cada día que amanece, en nuestra afectividad y en nuestras decisiones.

Te invito cuando reces el Credo en la santa misa, meditar qué lugar ocupa la Trinidad en tu vida de fe. ¿El amor y la fe se revelan en tu pensar y actuar cristiano? Oh Trinidad Santa, haz que haya unidad entre los que habitamos este mundo. Danos la fuerza para transcender nuestras diferencias emocionales y psicológicas y para reconocer que es tu Santa Trinidad la que nos une a todos haciéndonos participes de tu vida divina entre nosotros, dame concordia de alma y cuerpo. Amen.