Reflexiones - Mar. 22, 2015

"Ha llegado la hora en que sea glorificado el Hijo del hombre… si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere da muchos frutos. El que se ama a si mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardara para la vida eterna. …A quien me sirva el Padre lo premiara". Jn.12, 23-26

Jesús nos recuerda en este domingo de Cuaresma, que ha llegado la hora en que sea glorificado el Hijo del hombre. Muchos que oyeron la palabra "glorificar” se pusieron muy contentos, porque pensaron en el momento del poder, del honor, pero Jesús seguidamente dice: "si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto".

El Señor invita a sus seguidores a aceptar y hacer la voluntad del Padre Dios, a no dejarnos dominar por las cosas, "el mundo es para mí no yo para el mundo", es vivir como bautizados la radicalidad de negarse a sí mismo para seguirlo a Él.

Sabemos que en nuestro corazón existe una lucha entre el bien que Dios nos pide y el espíritu de autosuficiencia, del padre de la mentira, el cual nos lleva a prescindir de la cruz de Cristo, nos gusta ser levantados, glorificados, pero sin la cruz. Se nos olvida que como cristianos sino morimos, a nuestros egos, no podemos dar frutos.

Para negarse a sí mismo y seguir a Cristo, como dice el Papa Francisco: "hay que dejar que nuestro ojos se carguen de contemplación mirando el madero de la cruz. Sin ciencias previas, sin determinismos...permitir que nos interpele y nos diga que allí está la sabiduría, la clave de interpretación de la vida, la esperanza. El seguimiento a Cristo supone lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los dominadores de este mundo de tinieblas. Efe.6, 12. Para mantenernos firmes y vencer en esta lucha del seguimiento a Cristo, necesitamos el arma del Señor, la Cruz".

Pidamos al Señor en la Eucaristía la gracia de la humildad para discernir la necesidad de salvación. Que aprendamos en esta Cuaresma a purificar nuestras intenciones, "no todo es bueno, ni todo me conviene", 1 Cor. 10, 23, y también descubrir con humildad donde están mis flaquezas, y mis límites y los del hermano.

Oh Señor tú nos dices: El grano de trigo debe morir para dar una rica cosecha. Me humillo ante ti Señor, deseoso de seguirte en el camino de la cruz. Te pido crecer en tu amistad, para ser fecundo en frutos de vida eterna, Amen.