Reflexiones - Mar. 15, 2015

Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Jn.3, 16

Cuando leo este texto bíblico de Juan siempre me pregunto. ¿Cuál es tu imagen de Dios? ¿Crees que Dios te ama incondicionalmente?

Esta frase de "tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo...” A veces cuesta trabajo entender, recuerda que para los griegos era un escándalo, para los judío era una blasfemia; el Hijo de Dios asumiendo nuestra condición humana, menos en el pecado.

¿Cómo podemos entender este amor incondicional de Dios por toda la humanidad?

En la Segunda lectura San Pablo nos dice que: "estamos salvados por su gracia y mediante la fe". Efes. 2,8

Podemos decir que el amor de Jesucristo no lo podemos comprar, es gracia, pero para descubrir su plan de amor hay que amarlo. Es necesario en esta Cuaresma redescubrir y cultivar cierto gusto por la vida interior y por la contemplación, que para un católico significa creer más, esperar más, aun cuando no vemos claro los acontecimientos cotidianos de la vida, intensificando más mi vida de oración, y dejándome guiar por el Espíritu Santo, porque solo Él sabe quién es Jesús y nos ayuda a discernir que Él ha muerto por todos nosotros, y "que su Divina Misericordia es mayor que nuestros pecados.

El amor de Cristo es incondicional por todos nosotros pero tenemos que responderle libremente para que la gracia del perdón amoroso de Cristo se pueda recibir. A veces hacemos nuestros planes a espalda de la verdad y el amor del Señor y escogemos la oscuridad del mal, y eso tiene consecuencias para nuestra vida y nuestra alma. Creer en Jesucristo va más allá de las palabras.

Pidamos al Señor en la Eucaristía que seamos coherentes con lo que creemos, viviendo nuestra cotidianidad con sinceridad y honestidad cristiana, contribuyendo a la salvación de otros con nuestro trabajo evangelizador en nuestra parroquia y familia, pero sobre todo con nuestra oración.

Oh Señor Jesús muéstrame tu bondad. Te digo muchas veces " tú me amas", pero muy frecuentemente esta verdad no penetra en mi corazón, cuando me enojo con una pequeña crítica, cuando me deprimo por un pequeño rechazo. Permíteme que esta Cuaresma se transforme en una oportunidad para que abandone todas mis Resistencia a tu Amor.