Reflexiones - Mar. 1, 2015

Pedro tomo la palabra y le dijo a Jesús: ¡maestro que bien estamos aquí! Mc.9,5

En este domingo de Cuaresma el Evangelio de la Transfiguración de Nuestro

Señor Jesucristo nos invita a confiar en todo momento en el Señor, aun en los momentos en que nos sentimos perplejos, desorientados. ¿Porque les digo esto?

Si leemos este Evangelio en el capitulo anterior Jesús le dijo a Pedro, “que él no pensaba como Dios sino como los hombres". Es más le había dicho que estaba dispuesto a despedirlos a todos sino estaban dispuestos a seguir la doctrina de la cruz, negarse a sí mismo, cargar su cruz, y seguirlo, al “encuentro del Padre."

Con este sentimiento de tristeza suben Pedro, Santiago y Juan a la montana con el Señor. Ellos necesitaban consuelo. A veces cuanto más desolados nos sentimos espiritualmente mas “subimos". Allí en la montana Jesús se transfiguró delante de ellos, les mostró la gloria de Dios. Su rostro brillaba y sus vestidos como la nieve, y aparecieron Moisés y Elías, junto al Señor. Y una voz que decía: este es mi Hijo muy amado, “escuchadle".

Pedro en esta revelación descubrió como dice san Pablo en la carta a los Romanos el amor que Dios nos tiene, “si Dios está con nosotros, quien estará contra nosotros", ni la tristeza, ni las pruebas de la vida, nos pueden separar de la misericordia de Dios. Los apóstoles a medida que maduraban en la fe, aprendieron a discernir la voz de Dios, al igual que Abraham.

Quizás podríamos preguntarnos en esta Cuaresma, ¿escucho la voz de Dios, en la oración, en la cotidianidad de mi vida, trabajo, familia, comunidad parroquial?

Te invito en esta semana después de la Comunión decirle al Señor: transforma mi corazón, que pueda verte y escucharte en el esplendor de la liturgia santa. ¿Cuantas veces oigo tu palabra, canto los salmos pero sigo sordo a tu llamado?

¡Cuantas veces veo el pan y el vino y sigo ciego! Purifícame Señor en la montaña de tu amor de mis deseos egoístas, de mis apegos, de mis pecados que me deshumanizan, dame tu luz, para escucharte en tu palabra, abre mis sentidos en esta Cuaresma a tu presencia transformadora, para expresarte mi gozo diciendo: “Señor que bien se está junto a ti".